Dicen que en las canchas se ven los pingos, y así fue nomás, al salir a cazar junto a un gran tirador deportivo santafesino, en condiciones climáticas realmente complicadas.
Texto: Néstor Baldacci – Fotografías: Damián Gallo
Gastón Roland es un joven cazador santafesino que desde hace ya varios años practica el Tiro Deportivo a la Hélice en el Club de Caza y Pesca de Esperanza en la provincia de Santa Fe y, de hecho, ha salido varias veces campeón de diferentes torneos. Pero, como dije, primero fue cazador y, a pesar de que la actividad deportiva le resta mucho tiempo, entre entrenamientos necesarios para mantener un alto rendimiento deportivo y los numerosos torneos en los que participa gran parte del año, suele dejarse algún que otro fin de semana para salir a hacerle unos tiros a las perdices junto a su viejo Carlos Roland, y desde hace unos pocos años, también su hijito Stefano (un verdadero personaje).
Ya en 2021 habíamos intercambiado varios mensajes con Gastón que nos invitaba a compartir una jornada de caza, pero, como dije, su agenda deportiva es complicada y nuestros propios compromisos no se quedan muy atrás, así que, por una cosa o por otra, pasó toda la temporada 2021 y no pudimos concretar la cacería. Por ello, este año teníamos la firme intención de que no nos pase lo mismo y ya en mayo empezamos a tirar posibles fechas, que se fueron postergando nuevamente por imprevistos y compromisos varios hasta que por fin el domingo 10 de Julio pudimos concretar.


Ustedes dirán: ¡qué memoria! Acordarse el día, y sí… fue un día que arrancó con 30 grados y terminó con la mitad y un viento sur legendario. Pero bueno, ¡no nos adelantemos!
Ubicada la fecha, la idea era visitar una estancia de producción pecuaria donde Gastón generalmente tiene notables resultados en muy poco tiempo, así que las ilusiones estaban a flor de piel y arrancamos ese domingo muy temprano. Aprovechamos para conocer su casa, su familia y los impresionantes trofeos que ha ido recolectando en su trayectoria como deportista del tiro a la hélice con escopeta.
Entre charlas, anécdotas atropelladas, queriendo contarnos todo y compartir el máximo posible de experiencias, fuimos terminando de cargar cosas en los vehículos y rumbeamos pa`l campo, como silbando bajito. Ya el día se presentaba como mínimo complicado: para las 10 de la mañana había unos insólitos 27 grados (repito, mes de Julio) y un viento norte que nos preocupaba por el tema yararás, pero la ansiedad por cazar era más fuerte, así que simplemente nos sacamos el exceso de abrigo y arrancamos en manga de camisa y chalecos repartiéndonos en diferentes potreros para no molestarnos.
Continúa disfrutando de este artículo, aquí: https://revistaelpato.com/secciones/2022/

