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LUGAR SOÑADO…

Si bien no lo es, ni lo fue nunca, la estepa patagónica encuadra perfectamente en lo que todos entendemos por desierto… pero donde hay agua, emerge la vida.  Esta oración anterior contiene tanta verdad como prejuicio engañoso.

Textos: Gabriel Paccioretti – gpaccioretti@yahoo.com.ar

Pero, hay que decirlo, ese desierto está muy bien poblado. Aunque tanta sequedad asombre a los cazadores de otras geografías dominadas por el verde, la estepa reboza de vida. Y, de hecho, abunda tanto la flora como por fauna, ambas muy bien adaptadas a las rigurosidades del suelo y clima patagónicos. Y así como otrora era habitada por pueblos originarios, hoy lo es por criollos y acriollados que viven y producen a pesar de las adversidades geográficas. Por lo tanto, nunca fue un desierto, aunque luzca como uno.

Tal como sucede con el Colorado, el Chubut o el Santa Cruz, el río Negro aparece a los ojos del viajero como un verdadero oasis, un refrescante verdor que despierta de la modorra luego de  manejar por tantos kilómetros de sequedad esteparia.

OASIS

Desde su nacimiento en la juntura de los ríos Limay y Neuquén, el Negro es una cuenca productiva de enorme valor. Los canales de riego planeados y realizados a principios del siglo XX por verdaderos visionarios generaron uno de los polos frutihortícolas más importantes del país, aunque también de pasturas, ganadería, vitivinicultura, y una vigorosa cadena de la industria alimenticia.

Pero hoy, lo que sobra de posibilidades falta de visionarios. Según estimaciones de especialistas, si se avanzara en el plan de canales de riego para el valle medio e inferior, se podrían sumar más de 500.000 hectáreas productivas y generar un impulso económico de magnitudes fenomenales.

Pero como esta es una revista de pesca y caza, más allá de la información general nos interesa el valor turístico de las actividades al aire libre. Este río, y muy especialmente el valle inferior, es ideal para la náutica y el canotaje, así como los raids acuáticos que combinan aventura con navegación y campamento. El turismo rural está en franco crecimiento, aunque muchos consideren la zona sólo como un alto en el camino.

Sobre la pesca, lo más buscado es el pejerrey y la perca. También hay truchas arco iris, aunque los locales dicen que mermó en cantidad y calidad desde la invasión de carpas, que por cierto alcanzan portes enormes. Y en la zona de su desembocadura en el Atlántico se pueden cobrar especies marinas que ingresan a desovar o a alimentarse, pero esto lo dejaremos para otra nota donde nos comprometemos a desarrollar el potencial pesquero del valle inferior de este gran río.

Respecto de la caza, si bien ya es conocido su potencial para el turismo cinegético, está absolutamente sub-explotado. La cantidad de jabalíes es realmente enorme porque el río y su valle ofrecen gran cantidad de forraje, así como lugares ideales para la reproducción y cría. La proyección de este producto turístico es enorme, sobre todo considerando que se trata de una especie exótica invasora que representa una amenaza para la biodiversidad y, tarde o temprano, generará problemas con la producción agropecuaria.

Pero lo más importante es la cantidad de padrillos colmilludos y la frecuencia con que aparecen, quizás debido a la poca presión de caza. Para algunos especialistas sería gracias a la calidad genética, pero otros se lo adjudican a la estepa circundante que les exige a los chanchos hozar para encontrar su alimento, lo que estimularía el desarrollo de sus defensas (colocamos todo en potencial porque son puras especulaciones recogidas sin mayor fundamento científico).

PEUMAYÉN

El significado en mapudungun (lengua mapuche) es lugar soñado, y este coto no podría tener un nombre más adecuado. Es un sitio tan bonito como acogedor y, sobre todo, placentero y prometedor.

El establecimiento está estratégicamente ubicado junto a la balsa que permite cruzar el río en el acceso a Guardia Mitre, y a escasísimos metros de la RN250 que une Viedma con Gral. Conesa. El lugar es espléndido, un verdadero vergel dedicado a una serie de actividades complementarias que muestran la potencialidad económica de la zona y el valor del valle inferior de este curso de agua que da nombre a la provincia. Allí se combina la ganadería con apicultura, turismo y producción agrícola. Sobre esto último, nos llamó poderosamente la atención que los jabalíes no irrumpan ocasionando destrozos en los cultivos de papa, zapallo, cebolla, y forraje.

El establecimiento también oficia de hotel de campo, salón de eventos sociales y coto de caza con más de 20 años de experiencia en turismo cinegético. Allí se ofrece muy buena gastronomía, cabalgatas, pesca, paseos náuticos, avistaje de fauna y demás actividades recreativas en el medio rural.

Como se dijo más arriba, la gastronomía es muy buena y de clara identidad nacional pero con marca de autor: carbonada, guisos gourmet, capón… cacerolas y brasas con sabor local. Hay que sumar el vino de color local producido en el terroir atlántico, en viñedos y bodegas muy cercanas que, incluso, lleva el nombre del coto. También los postres son adictivos. Felicitaciones a Ezequiel y Francisco que nos sirvieron muy esmeradamente.

El comedor y la sala están decorados con muy buen gusto a la altura de cualquier coto africano. Lo mismo hay que decir de la higiene del sector de cuereado y despostado, un ejemplo de pulcritud. Quizás a la mayoría de los cazadores no les interese estas cuestiones gastronómicas y hoteleras, pero seguramente si le importarán a quién evalúe ir acompañado por su esposa o novia, e inclusive con su familia.

MODELO DE MANEJO

Mauricio y Claudio, coordinador del coto y el titular del establecimiento respectivamente, asumieron criterios de manejo basados principalmente en dos ejes centrales: la concentración de la actividad cinegética y la baja presión de caza. Si bien también tienen otras pautas de gestión como el abundante cebado (algo determinante) y evitar matar hembras para no restar vientres a la población de jabalíes, parece que lo determinante son las dos expuestas al principio del párrafo.

Como se dijo arriba, lo más importante de este modelo de gestión es la combinación de la baja presión de caza con la concentración de la actividad cinegética, es decir, que toda la caza mensual se aglutina en las mismas tres noches. Aunque parezca contradictorio, unificar todas las cacerías en un mismo turno mantiene el campo tranquilo por el resto del mes, sin tiros ni alboroto en los cebaderos o recorridos innecesarios por el campo.

Vamos a los números concretos: el coto tiene 20 plazas pero se caza sólo una vez al mes, salvo raras excepciones. Es decir, que asisten 20 cazadores que se hospedan juntos en las mismas tres o cuatro jornadas, que tirotean las mismas tres noches y que recorren el campo los mismos tres días. Obviamente el número de extracción de individuos (caza) es muy alto durante ese corto período, pero la tasa general mensual de animales abatidos no lo es (y de hecho, es bastante baja para un campo de esas dimensiones y con ese potencial).

De esta manera, la caza es mucha en poco tiempo, pero deja “descansar” el campo por el resto del mes. Como es de esperar, en cada tirada mensual se capturan muchos jabalíes y rara vez faltan los padrillos con navajas… es, sencillamente, una cuestión de probabilidad estadística fruto de los criterios de gestión expuestos en una zona donde abunda la especie.

Sobre el cebado, no hay nada que explicar porque es algo obvio: si querés asegurar que te bajen los chanchos, los tenés que tener acostumbrados a comer todas las noches. Cualquier cazador reconoce inmediatamente cuando se ceba una semana antes de la cacería… ya que es el factor donde todos quieren ahorrar, sencillamente porque es un gasto enorme. Hay que pensar que cebar implica, no sólo maíz, sino también gas-oil para el recorrido que son muchos kilómetros entre uno y otro apostadero.

Para darse una idea de lo anterior, Peumayén cuenta con casi 30 apostaderos que insumen entre 5.000 y 6.000 kilos de maíz por mes…

NUESTRA EXPERIENCIA

En nuestra visita con motivo a la juntada de la familia cazadora de los Cabral, que ya contaremos el mes que viene, fuimos testigos privilegiados de la abundancia de chanchos. En ninguna de las noches nos hemos quedado en el apostadero más allá de las 12 o, más tardar, de la 1 de la mañana, y pudimos ver animales en las tres oportunidades.

En la primera nos apostamos solos en una isla, donde nos “bajaron” 3 chanchas con muchos lechones, y luego grupos de 2 o 3 cachorrones y padrillitos muy jóvenes. En la segunda noche fuimos con Ricardo a una parte alta del campo, en zona seca de estepa, donde también nos bajaron chanchas con lechones, y dos padrillitos en oportunidades distintas. En la tercera, nos bajó un padrillito con las últimas luces, gracias a Dios porque debíamos acostarnos temprano.

También salimos la segunda mañana con Daniel, bien temprano, a recechar a los chanchos que vuelven a sus encames, donde pudimos ver hozadas y pisadas por doquier. Esta es una modalidad muy interesante para cazar porque resulta mucho más divertida que la tradicional apostada.

Juan Cabral, joven miembro del clan, cazó el lindo padrillo que aparece en las fotos… chapó por él.

Daniel y Ricardo, señores guías… no sólo conocedores del oficio, sino buenos conversadores y de enorme amabilidad. Un gustazo compartir y aprender de ellos, criollazos de buena estirpe.

CIERVOS TROFEOS

Este coto es muy conocido en el ámbito chanchero, tanto por la cantidad de los jabalíes como por el hecho que cada luna alguien consigue colmillos. Pero en los últimos años Peumayén se ha preparado para dar un paso importante: ofrecer ciervos trofeo.

El cerco olímpico abarca 450 hectáreas y aprovecha sectores muy pintorescos del terreno con planicie de pastura natural, hondonadas con monte cerrado tipo fachinal, lagunas y bosques de distintas densidades que convierten en un paisaje espectacular. Por otro lado, ciervas y ciervos conviven con ñandúes, jabalíes, guanacos y todo el bicherío natural de la zona.

Además de ciervos colorados, también es posible cazar carneros y muflones, lo que amplía el menú de opciones para los que buscan buenos trofeos para colgar en la pared.

Construir un encierro de ese tamaño, además de adquirir machos y hembras de buena sangre, es una inversión enorme para los tiempos que corren. Casi una locura, podría decir cualquiera sin temor a equivocarse, pero es también un acto de esperanza y una apuesta por el futuro del turismo cinegético en nuestro país.

CERRANDO

Para los fanáticos de los jabalíes, Peumayén recompensa muy bien los kilómetros de más que exige hacer, comparado con las zonas tradicionales chancheras más cercanas. Es evidente que hay cantidad e inclusive colmillos, gracias a su estricta gestión de la caza.

Para quienes ya están pensando en la brama y buscan buenas cabezas, obviamente también es una oportunidad, no sólo de importantes trofeos, sino también de excelente alojamiento y gastronomía que aseguren el necesario descanso entre caminata y caminata.

De nuestra parte, no podemos menos que recomendar este coto. Felicitamos la seriedad empresarial con que se trabaja, pero sin perder la calidez humana. Y reconocemos el valor del personal que allí trabaja, un muy buen equipo que suma seriedad, esmero y muy buen trato.

DATOS DE INTERÉS

Coto PEUMAYÉN

Teléfono y WhatsApp: +54 2922433023

Facebook: Coto Peumayen

Instagram: @cotopeumayen

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