Inicio / Novedad / LO QUE CUESTA VALE…

LO QUE CUESTA VALE…

Una vez más viajamos a La Paz, este pesquero entrerriano que nos abre sus puertas permanentemente, y por el cual sentimos un cariño especial.

Por Ariel Robledo

El objetivo estaba claro: ir en busca de los surubíes en la previa a la Fiesta del Surubí Entrerriano de La Paz. A partir de ahí empezamos a diagramar todo el material que necesitábamos hacer pero, como siempre digo: el hombre propone y la naturaleza dispone…

Los datos de pique no eran muy alentadores, pero lo que nos dejaba tranquilos era que en este destino entrerriano, siempre tenemos la posibilidad de pescar algo, nunca nos falla, a veces nos cuesta más y otras menos, pero jamás nos quedamos con las manos vacías.

Cuando hablamos con la gente de Hostería Posta Surubí, coordinamos llegar a la tardecita, descansar y dedicarle una jornada completa al relevamiento, orientado específicamente a los cachorros.

Al arribar nos ubicamos en las renovadas habitaciones de la hostería, y nos cruzamos para cenar en La Canoa Restaurante, un comedor donde vamos a poder disfrutar de los platos más exquisitos a base de pescado, parrillada y pastas, en un ambiente agradable tanto en su interior como en el patio que nos permite disfrutar de la vista incomparable al río Paraná.

Una mañana soñada

Antes que el despertador activara su alarma, ya estábamos levantados con Hugo Giardino, tomado unos mates y registrando en fotos el mágico amanecer. La jornada se presentaba impecable pero, a la vez, auguraba un día de altas temperaturas. Fuimos a desayunar, y después nos encontramos con Roque, nuestro guía, en la bajada de lanchas con todo listo para iniciar el derrotero hacia los puntos de pesca.

Lo primero que vimos es que el río estaba creciendo en estos días y suele ser un factor que atenta contra el éxito en la pesca, pero como me dijo un especialista en hidrografía hace unos días: “vamos a tener que acostumbrarnos a que el río Paraná cambie sus niveles permanentemente, y seguramente los peces también se van a acostumbrar a estas modificaciones”.   

Lo cierto es que estos cambios que se dan actualmente en la altura de los ríos es un punto desfavorable para la pesca, ya que los ambientes cambian y por supuesto el paso de la carnada también cambia de lugar.

Entonces, Roque, nos propuso ir en busca de los cachorros en la zona de arroyos y en algunos pozos en donde los días anteriores él estuvo con clientes y logró lindas capturas.

Navegamos unos 30 minutos hasta llegar al “pocito”. Era un arroyo que tenía buena correntada, y anclamos la lancha unos metros antes de un pozón que tenía aproximadamente unos 6 metros de profundidad. Teníamos como carnada morenas medianas y también cascarudos chicos y medianos. Lanzamos los aparejos, en mi caso, un verilero con plomo de unos 60 gramos, y anzuelo Maruseigo 30. Hugo también utilizaba un aparejo verilero, y el guía tenía uno corredizo con plomo de 50 gramos. La corriente no era tan intensa, por tal motivo con esos pesos llegábamos bien al fondo.

El primero en acusar un pique fui yo, y se trataba de un pequeño patí. Después Roque, tuvo una linda llevada y clavó con certeza para izar el primer cachorro de surubí… La mañana comenzaba de la mejor manera… 

Entre pique y pique de bagres, Hugo, tuvo una linda llevada que pudo clavar, pero cuando el pez estaba cerca de la lancha, en un cabezazo, soltó el anzuelo y nos quedamos con las ganas de subir el segundo ejemplar de surubí.

Tras probar en otros puntos y no tener respuestas de surubíes, salimos al riacho Espinillo para garetear por las zonas de veriles, en busca de algunos ejemplares de mejor porte.

Varios intentos, solo nos dieron como presas un par de patíes y un lindo dorado.

Paramos al mediodía a almorzar, mientras analizamos lo que podría estar sucediendo con los surubíes. En cada lugar que paramos y por donde gareteamos, eran sitios limpios, y quizás pensamos que los cachorros, por cuestiones de la naturaleza, la crecida del río o el movimiento de la carnada, podrían llegar a estar en puntos más sucios, es decir, contra las costas que tuvieran carrizales, camalotes, algunos árboles caídos, por lo que deberíamos arriesgar un poco con la posibilidad de enganchar en el fondo nuestros aparejos y perder algunos anzuelos, pero al menos intentar en esos sitios que muchas veces logran sorprendernos.

La tarde

Después de haber disfrutado de un tremendo asado cocinado magistralmente por Roque, y de habernos divertido con sus anécdotas, salimos rumbo a los pesqueros donde nos habíamos imaginado que podrían llegar a darnos mejores resultados.

Nos detuvimos en un sitio con una corriente suave, pero que pegaba contra un carrizal, y al final un árbol caído. La idea era colocar plomos pesados, y bajar directamente la línea cerca de la lancha, ya que si hacíamos un lanzamiento más largo podría trancarse en el fondo.

Así fue que arrojamos nuestras esperanzas al agua y, tras unos minutos, siento el golpe en seco en la línea… unos segundos después el tambor del reel que comienza a girar y, en mi cabeza, la imagen del suru llevando la carnada en su boca… Dejo que se acelere la corrida y clavo. ¡Suru! Y la felicidad de saber que dimos en la tecla con lo que suponíamos. Un pequeño surubí me dio la posibilidad de sumar unas fotos más al relevamiento.

Seguimos en el mismo lugar, y Hugo clava un hermoso manguruyú, que si bien  no era lo que necesitábamos, también nos generó mucha alegría saber que lentamente es más común encontrarse con la especie.

Después Roque perdió un pique, y decidimos corrernos hacia otro sector similar. Nuevamente nuestra intuición no falló y el tercer cachorro se sumó a la colección de fotos.

Tras esa captura Hugo prendió una raya, que pudo traer hasta cerca de la lancha para después liberarla.

En la última parada que hicimos también sumamos otro ejemplar de surubí pequeño, pero que nos confirmó que los cachorros no estaban en lugares limpios, sino en estos sitios en donde hay mucha basura y suelen ser incómodos para el pescador.

Ya de regreso hacia La Paz, analizamos que muchas veces la naturaleza nos pone condiciones y que si el pescador las sabe descifrar puede llegar a tener una jornada exitosa o todo lo contrario.

En esta oportunidad, pudimos acertar con los lugares y redondeamos una nota en la cual no fue sencillo conseguir piques de los pintados pero, con paciencia, pudimos demostrar que, La Paz, tiene surubíes y que los pescadores que participen de la Fiesta del Surubí Entrerriano, si develan las mañas del río, podrán llegar a lo más alto del podio paceño.

Información útil:

Servicios: Hostería Posta Surubí, alojamiento con desayuno, pileta, vista al río Paraná, lanchas equipadas con motores eléctricos, guías para pesca con carnada y artificiales. www.posta-surubi.com.ar

WhatsApp 543437557144

Restaurante La Canoa: platos regionales, pastas, pescados, carnes. Abierto todos los días. España 224, Puerto de La Paz (E.R.) Reservas: WhatsApp 543437514275

Abrir chat
Hola ¿Quiere que hablemos?
Si desea comunicarse con un representante de la Revista El Pato, lo invitamos a contactarse por WhatsApp