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EN LOS PAGOS ENTRERRIANOS

Textos: Luis Frixione – Fotos: Carlos Pizighini

La temporada viene bien, aunque con algunos cambios en la gestión de la caza. Aquí compartimos una visita a los tambos de la localidad de Lucas González, departamento Nogoyá.

A pesar del auge creciente de la caza mayor, la menor de plumas sigue siendo nuestra opción porque siempre mantendrá su aire aristocrático que jamás le será arrebatado a causa de un ciervo o jabalí.

Ningún fusil supera en belleza a las escopetas, y jamás habrá acecho o rececho que emparde una jornada perdicera. No sólo por la caza en equipo con el perro, ni por la cantidad de tiros que se pueden hacer. Es algo más elevado, de mayor calibre estético y espiritual.

Recorrer el campo ataviado con el chaleco y sentir el agradable peso de las cananas en la cintura, otorga cierta presuntuosidad, da un aire de jactancia que se siente muy bien. Nada de andar disfrazados con atuendos camuflados como milicos, ni esconderse como prófugos para que el ciervo no nos detecte, se trata de levitar sobre los potreros de alfalfa moviéndose grácilmente por las pasturas naturales mientras ondulan con el viento.

Nada de guías ni baqueanos, sólo la presencia del perro… y formando equipo. Se sufre si no “trabaja” bien, y enorgullece cuando lo hace satisfactoriamente. Incluso se logra una simbiosis rara donde los roles cambian: el cazador manda, dirige, pero sólo hasta que la marca tiesa el can indica una emanación, y, desde ese momento, el que manda es el perro, el hombre se pone a sus órdenes.

En la caza menor todo es distendido, armonioso, placentero. Al mediodía se impone el corte para el bacanal asado, incluso se hace siesta al tibio sol invernal. Y luego, nuevamente a los potreros para completar el cupo. Para cerrar, se limpian las presas y se cierra el día con unos mates o alguna copita de cognac.

Si hay que elegir, yo elijo la caza menor.

TIERRA PROMETIDA

Al este del departamento Nogoyá hay una ciudad maravillosa llamada Lucas González que está rodeada de tambos y potreros con suficientes perdices como para hacer feliz a cualquiera. Son los pagos de los amigos Fabricio Cabral y María Inés Pedrón.

También del gentil Javier Pedrón, que jamás dice no cuando se pide permiso para perdicear en sus potreros. Ni hablar de los quesos sardos de Adrián Facciano y sus deliciosos pollos y pavitos caseros. También en esos pagos nos proveemos de la mejor miel. Como diría un vecino: “vos no vas a cazar, vos vas de compras…”. Así son las cosas en la caza menor, puro disfrute, todo placer.

En esos campos caminamos durante mayo y junio, donde vimos suficientes perdices, pero pocas liebres, quizás por la presión creciente de los galgueros. También hay tajamares con patos, pero los anátidos no son nuestra pasión.

Las fotos que acompañan estas líneas corresponden a una salida con Roberto y Carlos. También, por qué no nombrar los perros, con León y Artemisa. Un día frío y ventoso, complicado para tirar porque las perdices parecían Mirage cuando enfilaban a favor del ventarrón, algo desafiante que hace más divertida y exigente la jornada, pero sin el calor de principios de temporada, gracias a Dios.

El frío es el mejor escenario para la caza de perdices. Son realmente horribles los días calurosos del inicio de mayo, y ni hablar del “veranito de San Juan”. Y no sólo es por sudar, sino también de los molestos mosquitos.

Ya transcurrieron dos meses y no queda demasiado para seguir disfrutando. La mayoría de las provincias acotan sus temporadas de caza menor a mayo, junio y julio, luego la veda que suspende la vida de cazador hasta el año siguiente. ¡Nueve meses de martirio, de insoportable espera!

Entre Ríos es una rara excepción que siempre ha tenido una temporada más extendida. La presente abrió el 9 de mayo y cerrará el 24 de agosto, lo que nos da unos fines de semana más para vivir en el paraíso. Aunque este año vino con una ingrata sorpresa: dos perdices menos por jornada, estableciendo el cupo en 6 por cazador. Esta disminución no parece tener más fundamento que un guiño para la opinión pública urbana que expresa siempre su incomprensión para con el colectivo de la caza, obviamente fogoneada por las insidiosas ONG´s animalistas.

GESTIÓN

En Entre Ríos se está desarrollando una experiencia digna de imitar, que quizás asegure el futuro de la caza: estudios serios y rigurosos realizados por especialistas y académicos.

Desde 2019 se realizan censos poblacionales de patos y perdices, aunque se discontinuó en 2020 y 2021 por la pandemia. Estos estudios están a cargo de prestigiosos biólogos del CONICET, del INTA y de varias Universidades Nacionales que realizan trabajos de campo que permiten estimar la población de anátidos y tinámidos a los efectos de realizar proyecciones y analizar la evolución año a año.

Los resultados fueron presentados a la prensa y expuestos al público en una audiencia abierta, incluso invitando a las ONG´s animalistas, que demostraron no tener argumentos más que el dogmatismo anti-caza. Los resultados son irrefutables: los patos y perdices son un recurso natural renovable que se cazan muy por debajo de su tasa reproductiva.

Estos estudios calculan el stock poblacional y la extracción por caza, lo que permite la gestión seria y bien fundada. Tal como se debe hacer con la pesca, en base a estos informes se establecen las vedas, las especies permitidas y los cupos autorizados por jornada y cazador.

Si bien este grupo de investigadores realizan los estudios de anáticos (patos) en varias provincias (La Pampa, Buenos Aires, Corrientes, incluso también en la República Oriental del Uruguay) debido a la naturaleza migratoria de esas especies, en la provincia de Entre Ríos también lo realizan sobre perdices, lo que es algo muy importante. No decimos que las otras provincias no realizan censos poblacionales de perdiz, sino que no se realizan con ese grupo de especialistas ni con ese nivel de inversión y profundidad.

Cualquier tipo de caza de especies nativas necesita una gestión racional basada en estudios científicos serios que aseguren la sustentabilidad y sostenibilidad de la actividad, dicho en criollo: no matar la gallina de los huevos de oro. Se trata siempre de no extraer (cazar) del ecosistema más de lo que la especie puede regenerar (tasa de reproducción). Y no es sólo cuestión de cantidades sino también de condiciones ambientales (inundaciones, sequías, desmonte, avance de la superficie cultivable, etc.).

Todo lo contrario sucede con las especies exóticas (jabalí, ciervo, conejo, liebre, etc.), que siempre son invasoras y necesitan control poblacional (y exterminarlas, si fuese posible, según los biólogos).

Habrá que aprender de Entre Ríos y alentar a esa gestión para que no cambie de rumbo: primero, que no ceda a las presiones animalistas anti-caza y, segundo, que continúe el uso racional del recurso (gestión de caza) basado en estudios científicos.

Y, obviamente, pedir a las otras provincias que hagan lo mismo.