La idea era pescar doradillos y tarariras, pero la presencia de grandes surubíes nos cambió los planes, y terminamos de realizar una nota impresionante en el sur santafesino.
Por Ariel Robledo
Llega esta época del año y, como siempre, nos comunicamos con Miguel Moyano, para analizar cómo estaba el pique en su zona. Con plena sinceridad Miguel nos dijo: “Está entrando bastante agua y eso hace que el pique cambie todo el tiempo… podemos intentar con algunos dorados con carnada y señuelos, y después dedicarnos a pescar tarariras en varios ambientes, también vamos a hacer algunas pruebas con los surubíes que se tienen que empezar a mover…”.
Las palabras claras de nuestro anfitrión, rápidamente tuvieron una respuesta positiva, y organizamos el viaje de manera fugaz. Por compromisos contraídos con anterioridad Miguel no nos podía acompañar, pero sí su hijo Abraham, quien conoce perfectamente los ambientes de la zona, y fue incorporando las enseñanzas de su padre para ser hoy uno de los guías reconocidos de la familia. Ajustamos todos los detalles con Abraham, y le comenté que íbamos a llevar también algunas morenas para intentar con los surubíes en algunos pozos.


A primeras horas de la mañana, estábamos en la casa de Miguel, estrechándonos en un abrazo y, con el mate listo, caminamos hasta la costa en donde nos esperaba nuestra lancha. Abraham, ya estaba listo y, tras los saludos, emprendimos la navegación.
Fueron apenas unos minutos de marcha, el guía detuvo la lancha y sobre una costa donde veíamos mucha actividad de aves, nos dijo que empecemos a lanzar los aparejos, para calentar las muñecas con los piques.
La actividad de peces forrajeros era importante, cada tanto algún doradillo mostraba su destreza en la cacería. Esperamos unos minutos y comenzamos a tener acción en nuestras cañas. Yo pescaba con carnada y, Ricardo Diez, quien me acompañaba, lo hacía con señuelos.
Los ataques se alternaban: un dorado con cebo natural y, otro, con señuelo, señal clara que no importaba lo que caía al agua, los doradillos estaban con hambre y atacaban sin despreciar nuestros ofrecimientos.
Estuvimos más de una hora a pura actividad, hasta que le sugerimos a Abraham, ir en busca de algunos pozos para tentar a los cachorros con las morenas que teníamos de carnada.
Los piques no se afirmaban
Nos detuvimos en varios pozones que marcaban unos 8 a 10 metros de hondura. Lanzamos con plomos de más de 70 gramos, y aparejos verileros. Aguardamos el pique, hasta que llegaron los primeros toques. Eran suaves llevadas, pero sin nada que nos hiciera imaginar que eran cachorros. Aguantamos un poco más hasta que Ricardo tuvo la corrida ideal en su caña y, cuando quiso clavar, se aflojó la línea… Al sacar la morena estaba toda descamada, señal clara de haber sido rasgada por la boca de un surubí.


“Vos sabés que no están comiendo bien, quizás porque hay mucho sábalo o mojarras, es que a la morena no le dan mucha importancia… o les cuesta llevarla con firmeza…” nos comentaba Abraham.
No nos quisimos dar por vencidos, y le dijimos para insistir en ambientes similares… la captura tendría que llegar en algún momento.
Tuve un par de piques en mi caña, y Ricardo también en la suya, pero no lográbamos acertar con la clavada. Los piques no llegaban a ser lo franco que necesitábamos…
Inmediatamente, Abraham, nos dijo: “Ya los vamos a agarrar… cambiemos de equipos y vamos a hacer un poco de trolling…”.
Sin demorar más tiempo, aproveché para testear un nuevo reel de Colony, el modelo Mónaco, que tiene una muy buena capacidad de multifilamento, y con una caña Favorite Ghost de 10-20 libras, me dispuse a realizar las pasadas. En el extremo utilicé un señuelo Cucu de media agua y, como líder, solamente un nailon 0.90 mm de grosor. Como las profundidades a las que pasamos el señuelo no son tan importantes, con un artificial de media agua ya nos basta para llegar al fondo del arroyo.


Remontamos el curso en donde habíamos tenido los piques y largamos los artificiales. Soltamos unos 30 metros de multi y, cuando apenas trabamos los reeles, ya sentimos que en fondo los señuelos comenzaban a pegar.
La situación fue increíble, porque no pasaron más de 100 metros que Ricardo pegó el grito: “¡Pique!”, y el reel que tenía, comenzó a chillar anunciando que había un pez importante en el extremo. Primera pasaba y primera captura… tenía razón el guía… los surubíes estaban en la zona, pero no tomaban la carnada que le ofrecíamos. Hermosa primera captura, y tras la devolución y los abrazos, emprendimos la segunda pasada.
Lentamente, copiando el primer recorrido, el guía llevaba su lancha timoneando con suavidad, siguiendo el “sendero” que tenía grabado en su mente… Como por arte de magia, siento el sacudón en mi caña que casi me la saca de la mano, pero una tras una leve corrida siento que el señuelo se soltó… “Era pique eso…” me dice Abraham. En la segunda pasada, casi otra captura… de no creer…
Sin demorar más tiempo, pegamos la vuelta y volvimos a hacer la bajada… esta vez sí, otro pique en mi señuelo y la corrida lateral descontrolada que me avisaba que tenía un pintado en el extremo haciendo toda su fuerza para liberarse… ¡Locura total Tres pasadas, dos capturas, en un tramo de no más de 200 metros. Cosas maravillosas que tiene la pesca y que siempre nos van a sorprender. Fotos, y la devolución de esta belleza de pez que merece ser cuidada porque es el futuro de la pesca.
Llegó el mediodía, y era el momento de descansar para encarar lo que restaba de la tarde. Navegamos hasta la casa de Miguel, y allí nos esperaba en un hermoso quincho con vista al río, el almuerzo preparado. Un sabroso asado, con papas fritas y ensalada, sirvieron de alimento para recargar energías.


“Estoy dejando todo esto prolijo para que los pescadores lleguen de pescar y puedan almorzar y cenar acá…” nos contaba Miguel, quien permanentemente va incorporando servicios para que los pescadores estén cómodos y disfruten de la naturaleza que rodea la zona.
Con la panza llena y el corazón contento, regresamos al río, y como resumen sólo basta decir que logramos 3 capturas más antes de las 17 hs. Algo que no se da en todos lados, y que en Arocena, se puede conseguir.
Dimos por finalizada la jornada, con la felicidad de encontrar estos hermosos surubíes en unos ambientes que a cualquiera le sorprendería. Miguel y Abraham, han logrado develar los secretos del río en estas latitudes, y cada vez son más los pescadores que desean vivir estas experiencias en el sur santafesino.
Felicitamos a Miguel, a su hijo Abraham, y a toda la familia Moyano, que siempre están trabajando para ofrecer un mejor servicio, con el mayor esfuerzo y con la calidez que los caracteriza.
Excursiones de pesca El Pacahá de Miguel Moyano: Lanchas amplias, con motores de 90 HP 4 tiempos, motor eléctrico, pesca con carnada, baitcasting y mosca. Servicio completo, atención personalizada.
Contacto: 543466633713 – 543466633613
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