Amigos lectores nos volvemos a encontrar esta vez gracias a la invitación de America Hunting, quien nos abrió sus puertas en la provincia de Entre Ríos.
Por Gastón Baldacci
Fui acompañado por mi amigo Marcos Castelletti de San Carlos, con quien hacía más de 1 año no compartíamos cacería, y otro gran amigo, Santi Müller Rocco, de Coronel Brandsen, con quien hacía ya 3 años no compartíamos cacería. Por diferentes motivos no llegábamos a coincidir y dio la casualidad que una semana antes de organizar el viaje “se alinearon los planetas” y pudimos reencontrarnos.
Este reencuentro le agregaba un sabor especial en lo personal a la aventura y las expectativas eran altas. Sin dudarlo mucho hicimos los preparativos del viaje y partimos, junto a Marcos, en dirección a La Paz, donde lo recogeríamos a Santi. Ya en viaje los tres nos dirigimos hacia Comuna el Chañar donde se encuentra el Coto.


El camino de ingreso al campo son unos 25 km. de ripio desde la ruta que realmente está en excelente estado. La ubicación es soñada, el campo choca con el río Guayquiraró. La geografía varía entre montes altos y bajos, pajonales y, ya en el río, zonas con playas soñadas.
Apenas llegamos nos encontramos con una casa preparada con absolutamente todas las comodidades que uno puede pedir. Cuenta con ducha, camas, cocina (completa hasta cubiertos), heladera, ventilador, aire acondicionado, wi fi y tiene un hogar con un disco adentro para el invierno. Si bien no se encuentra en la casa… el encargado del campo tiene un freezer disponible para los cazadores, por lo que nos llevamos toda la carne congelada y en perfectas condiciones.
Aprovechamos a descargar el vehículo y prepararnos para salir, pues la ansiedad nos consumía… Preparamos el armamento: Santi llevó un Savage Axis .308 con balas Remington core-lokt 180gr; Marcos un fusil Beretta .308 con balas Norma 150gr y yo fui con mi fiel Remington 783 .30-06 con recargas propias y puntas Nosler 150gr.
También armamos las cañas ya que eran recién las 13 hs. y teníamos tiempo antes de comenzar a recechar. Fuimos al río y encontramos una playa espectacular, lamentablemente era muy temprano aún y los dorados no se vieron interesados en tomar los artificiales; a eso de las 16 hs. comenzó a activarse el río pero nosotros ya estábamos en modo “caza”. Dejamos las cañas en el vehículo y organizamos cómo nos íbamos a dividir.
La idea era hacer una especie de rastrillaje a una franja del monte: Santi iba a ir por un borde; yo, por el medio y, Marcos, por el otro borde.


Ni se imaginan la cantidad de rastros frescos que había por todos lados, en el ingreso al monte había muchos rastros de chanchos y, a medida que ingresábamos al monte, predominaban los axis.
Una vez bien separados, comenzamos el rececho. Santi fue el primero en ver dos ciervas pasar 10 minutos después de habernos separado, pero no le dieron tiro. Yo, por mi parte, comencé el rececho sobre unas huellas frescas que me llevaron hacia un monte un poco más abierto donde encontré rastros aún más frescos y un fuerte olor a animal… era indudable que andaban cerca. Ese monte abierto en un momento se cortaba y tenía como una especie de cortina de espinas que otorgaba acceso a otro pedazo de monte abierto.
Como ya se imaginarán los ciervos se encontraban atrás de esa cortina y, yo, al intentar atravesarla, hice ruido y los alerté, provocando que algunas ciervas se espanten. Seguí caminando un poco más y visualicé entre las ramas algunas ciervas más que no dieron tiro limpio. Desde ese momento en adelante el monte se cerró como muy pocas veces vi y tuve que estar el resto de la tarde cuerpo a tierra o en cuatro patas hasta salir. Marcos, por su lado, no pudo ver ni escuchar a ninguno.


Salí hasta una calle donde habíamos acordado encontrarnos con Marcos y nos quedamos apostados juntos. El campo cuenta con algunos mangrullos pensados como apostaderos en altura, ubicados estratégicamente en claros y aguadas. Ya para las 19:30 hs. comenzamos el regreso al vehículo y nos encontramos con Santi, quien estaba en otro apostadero intentando atraerlos con un silbato. Los axis contestaban desde todas direcciones, pero ninguna se atrevía a salir del monte aún. Tipo 20:30 hs pegamos la vuelta a la casa para ir a cenar.
En la madrugada nuestra suerte cambió y los ciervos decidieron salir del monte a pastorear una chacra sucia de renuevo de aromos. Logramos cazar dos grandes ciervas, también pudimos ver un macho espectacular ya terminado con unas 5 hembras alrededor, pero estaba a unos 1000 metros y nos tocaba gatearlo. Auspicié de guía por un momento y fuimos, junto a Marcos, en cuatro patas, lo más sigiloso posible.
Logramos acercarnos a unos 100/150 metros y decidimos disparar desde ahí, pues, las hembras ya se habían alertado de nuestra presencia. Le cedí mi hombro a Marcos para darle un poco de estabilidad y disparó… lamentablemente el tiro fue un poco abajo y el ciervo se fue sin heridas. Algo que siempre nos caracterizó es contar tanto las buenas, como las malas, y demostrar que todos somos humanos y es de cazador errar de vez en cuando.
Con las caras largas dimos por terminada la cacería de esa mañana y nos dedicamos a descansar un poco y almorzar. Por la tarde volvimos al punto de inicio y Marcos tuvo su revancha… encontró los puercos y pudo agarrar un lechón. Por nuestro lado, tanto Santi, como yo, no tuvimos suerte de apretar el gatillo esa tarde; sin embargo, cuando estábamos pegando la vuelta, cruzó a unos 20 metros de la camioneta un macho también terminado, pero más chico, acompañado de 2 hembras. Esto lo comento para que se hagan una idea de que hay muy buenos ciervos, simplemente nos faltó una cuota de suerte para atraparlos.
Para la segunda noche se levantó una tormenta ya anunciada que nos impidió salir por la mañana a dar una vuelta más, así que dimos por finalizada la cacería y nos volvimos con nuevos aprendizajes y carne espectacular para disfrutar con la familia.


Para aquellos cazadores que se animen a vivir esta experiencia junto a America Hunting les recomiendo que vayan con la idea de cazar apostados tanto en los mangrullos como dentro del monte, si bien el monte es muy cerrado con paciencia te permite ingresar a partes más abiertas donde hay callejones llenos de rastros frescos y, si uno es paciente, tarde o temprano, se choca con los axis, la cantidad que hay es impresionante, simplemente hay que saber esperarlos.
Para finalizar, los invito a que vayan y tengan sus propias experiencias en este campo espectacular y que, insisto, tiene todas las comodidades.
Gracias Julio Juri e Iván por abrirnos sus puertas y permitirnos pasar un fin de semana fenomenal en sus instalaciones.

