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LAS BESTIAS SIGUEN ESTANDO…

Viajamos a la provincia de Corrientes con la mente puesta en los gigantes peces que nos suele regalar el Alto Paraná… y esta vez nos impactó con sus surubíes más grandes.

Por Ariel Robledo

Programar un viaje hasta Itá Ibaté no es una cuestión sencilla, ya que son más de 700 km los que nos separan de la ciudad de Santa Fe. Por lo tanto, debemos organizar varias cuestiones laborales y familiares, y también revisar bien el pronóstico del tiempo, debido a que son varios días los que nos van a insumir esta aventura.

Cuando hablamos con Francisco Teitelman de Posadas Puerto Paraíso, nos comentó que la pesca estaba muy buena, especialmente de grandes dorados en la modalidad trolling, y algunos que salían haciendo baitcasting. Organizamos nuestros equipos en función de estos comentarios, y le sumamos otro equipo como para intentar con carnada, ya que muchas veces la naturaleza influye para que cambien las condiciones del pique y lo que a veces se niega con señuelos, podemos llegar a pescarlos con carnada natural. Igualmente la sugerencia cuando encaramos estos viajes es que llevemos “un poco de todo”, porque sería muy frustrante estar en el lugar y no contar con los equipos adecuados para buscar una determinada especie.

Este tramo del Alto Paraná puede llegar a ofrecernos piques de surubíes, dorados, pacúes, bogas, salmones, manguruyúes dentro de las especies más calificadas. Entonces, cuando pensamos en el equipamiento y los aparejos a cargar, debemos apuntar a un equipo de caña y reel con buena potencia y gran capacidad de multifilamento para encarar el trolling, una caña potente y reel con buena capacidad de multifilamento un poco más grueso para utilizarlo con carnada, un equipo más liviano de baitcasting para esta modalidad y, si está dentro de nuestras posibilidades, también cargar un reel, con multi fino y caña liviana para buscar las bogas.

No descartemos variados tamaños y modelos de anzuelos, y llevar fluocarbono de 0,70 a 0,90 mm, para hacer los líderes, ya que como es una zona de muchas piedras es bueno poner esta protección en los últimos metros, porque si dejamos el multifilamento solamente con un líder corto de acero, vamos a terminar cortando debido al roce que puede hacer el sedal con las piedras.    

Puerto Paraíso

Llegar a Posadas Puerto Paraíso es llegar a una segunda casa, casi 28 años realizando notas en Itá Ibaté, desde los inicios de este emprendimiento, nos permiten mantener una relación magnífica con la familia Teitelman. El abrazo en cada encuentro con Francisco, renueva ese vínculo, que siempre está cargado de expectativas, ya que nunca sabemos cómo nos va a sorprender el río. Lo demás está garantizado: un servicio impecable, gastronomía de primer nivel y muy abundante, habitaciones cómodas, lanchas seguras y guías que tratan de resolver todo lo que necesita el pescador para pasar unos días a pleno.

Llegamos un lunes, y el fin de semana había llovido mucho en toda la región. Esto hizo que el pique se modificara, ya que el río creció varios centímetros, y cuando esto sucede sabemos que afecta las condiciones de la pesca.

Arrancamos la primera mañana con un desayuno bien variado, para cargar todas las energías posibles, el mate listo, y salimos hasta la bajada de lanchas en donde ya nos espera el guía con la embarcación impecable, y todas las esperanzas puestas en este día. No había playa por la creciente. Así que casi al pie de la escalinata nos subimos a la lancha.

La primera sorpresa llegó cuando le consulté si ponía señuelos de media agua para buscar los dorados, y el guía me dijo: “Con esta crecida los dorados se desparramaron, pero vamos a sacar surubí, con señuelos de profundidad, porque seguro este movimiento de agua, va a traer cardúmenes de surubíes…”

Nos miramos con Ricardo Diez, quien me acompañaba, sin muchos rodeos colocamos señuelos de profundidad marca Cucú, artificial que nos acompaña desde hace también muchos años en nuestros viajes en el Alto Paraná.

Como el río estaba crecido, lo ideal era usar multifilamento fino, entre 18 y 20 mm. que nos  permitirían cortar mejor el agua, y hacer llegar nuestros señuelos hasta las profundidades de Punta Gallino.

Sabemos que cuando hacemos trolling tenemos que armarnos de paciencia, las respuestas pueden llegar pronto o tardar un poco más, lo importante es confiar en nuestros baquianos, tener fe en cada pasada, y estar atentos a lo que puede pasar, porque en segundos se desata la locura arriba de la lancha.

La bestia

Varias lanchas hacían sus pasadas en distintos sentidos, tratando de llegar a dar con la gran bestia. Cerca de las 9 de la mañana, por arte de magia, o vaya a saber qué patrones de la naturaleza, vemos que una lancha comienza a derivar con el pescador en la proa, peleando con un surubí. Segundos más tarde otra de las embarcaciones en la misma situación. Y no pasaron un par de minutos, que Ricardo grita “¡Pique!”, y la locura que se desató arriba de la lancha. Siempre la sugerencia es tener todo lo más acomodado posible, sin nada que interrumpa el paso del pescador desde atrás de la lancha hacia la proa. Inmediatamente Ricardo pasó a la punta de la Electra y nuestro guía comenzó a realizar las maniobras para que el pez no gane la zona de piedras, en donde seguramente podría llegar a cortar la línea.

Era los primeros segundos de delirio, y luego llegó la tensa calma de saber que en el extremo hay un gran pez, y por nada del mundo, el pescador se quiere equivocar y perderlo. Pasaban los minutos y la silueta no se dejaba ver… “Este es grande…” con voz pausada, el guía, sin querer termina de decir las palabras mágicas para que Ricardo se ponga más nervioso todavía. Tres o cuatro vueltas de manivela y varios metros que nuevamente se escupían del reel… El tiempo pasaba y la ansiedad aumentaba… 

Palabras entrecortadas, mezcla de cansancio e incertidumbre, se adueñaban de los últimos minutos de la contienda, hasta que la silueta del gran surubí se dejó ver entre las claras aguas del río Paraná. “¡Mirá que bicho! ¡Es gigante!” gritó el pescador, y el guía se sonríe sabiendo que para él también es un premio muy grande ver la felicidad del aficionado. Con sumo cuidado lo fue acercando a la lancha para izarlo y salir velozmente hasta la costa, para registrar en fotos el mágico momento, y a la vez hacer una correcta devolución del gran tesoro con pintas.

Imponente surubí del Alto Paraná que nos daba la bienvenida, y que nos permitió emocionarnos con estas verdaderas bestias que vaya a saber uno cuántos años tiene… Estos colosos del río son los que tenemos que cuidar celosamente, porque son los que van a perpetuar a la especie y le transfieren a sus descendientes la mejor genética.

Tras unas rápidas fotos, la debida devolución del Toro del Paraná, que lentamente se fue alejando buscando las profundidades seguras que aún esconde el “Pariente del mar”. Abrazos, locura, y la felicidad de saber que ya con este trofeo, el viaje valió la pena…

Nos quedamos en la costa, tratando de recuperar energías, pero también disfrutando de este momento… de esos que uno siempre sueña con encontrar en cada viaje al norte correntino.

Otra bestia

Nos recuperamos de las emociones, y regresamos al ruedo, con la idea de seguir realizando trolling, en busca de otro coloso del Paraná.

Muy pocas veces nos ha sucedido que, tras devolver un gran surubí, a los pocos minutos estamos peleando con otro lindo ejemplar…

Copiando el mismo sendero que había realizado con la primera captura, el guía, fue haciendo el recorrido lentamente… Apenas los señuelos empezaron a pegar en el fondo, siento el zarpazo en mi caña, y de manera alocada la línea que sale despedida del reel Okuma Citrix con el que estaba pescando. Inmediatamente el guía giró la lancha, y tratando de acortar las distancias con el surubí. Estábamos en una zona de piedras y no teníamos que dejar al surubí que se meta en ese lugar, porque corríamos el riesgo de cortar la línea.

Con mucha maestría fue timoneando la lancha hasta que nos ubicamos en una zona segura del río, para pelear con la bestia de manera más tranquila. 

Pasaban los minutos y el pez que no se entregaba… cada metro recuperado, eran varios más los que salían. Con paciencia lo fui acercando hasta que pudimos ver la silueta gris con pintas emerger de las profundidades. Otra bestia, otro gran surubí del Alto Paraná que nos llenaba de emoción, de esas que siempre queremos encontrar en este tramo del gran río.

Lo subimos a la lancha y plasmamos la felicidad en fotos, registrando estos momentos que serán recordados por mucho tiempo.

Una vez realizada la devolución, nos fundimos en un abrazo con Ricardo, y le dijimos al guía que ya estábamos satisfechos, que la mañana había sido soñada, y regresamos a la posada, para darnos un baño en la piscina y descansar…

Como quien escribe un libreto perfecto la mañana había sido inmejorable, con dos bestias soñadas, y con el corazón repleto de felicidad…

El Alto Paraná nos daba un primer día… o mejor dicho una primera mañana de ensueño… todavía nos quedaba la tarde y un día más de pesca… pero eso lo dejamos para el próximo número, ya que se viene una linda anécdota que la quiero describir con todos los detalles…

Puerto Paraíso – Itá Ibaté

Habitaciones climatizadas, amplísimas, con baños muy cómodos y TV por cable. Grupo generador propio para todo el complejo. Posee también lanchas pescadoras, equipadas con todos los elementos que garantizan la seguridad y una excelente navegación, con motores 4 tiempos. El servicio contempla desayuno, almuerzo y cena, lanchas, guías, combustible, y alquiler de equipos de pesca. El servicio es completo, atención especial a grupos de pescadores.

Consultas y reservas: 03781 404143

https://pousadapuertoparaiso.com.br

Instagram @pousadaspuertoparaiso

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