Por Gabriel Luis Paccioretti
Durante tres décadas El Pato fue testigo de un cambio radical en la pesca con mosca argentina: de las ínfulas aristocráticas a su popularización, de una modalidad para pocos a estar a disposición de cualquiera.
Tuve la suerte de empezar a pescar con mosca en 1986, a los tiernos 17 años, cuando eran realmente muy pocos los locos que pescaban con anzuelos emplumados. Sin internet ni redes sociales, con hiperinflación y casi nada de importación, era muy difícil acceder a equipos y más complicado aprender porque la información era de circulación muy restringida.
UN POCO DE HISTORIA…
Hasta la década del ´60 del siglo pasado, la pesca con mosca fue realmente elitista, verdaderamente una casta que reunía a poquísimos empresarios y estancieros yankees o británicos, más algún adinerado argentino que podía acceder a esos equipos y a quienes le enseñaran.


En las décadas de 1970 y 1980 aparecieron las asociaciones de mosqueros que permitían socializar los conocimientos, lo que hizo posible acceder a la pesca con mosca a muchos. Así se sumaron a la modalidad los trabajadores calificados, los de clase media y los profesionales que accedían a equipos que ingresaron en la apertura de las importaciones de Martinez de Hoz en los ´70 (el infausto “deme dos” de la “plata dulce”, a propósito recomendamos ver esa película homónima verdaderamente imperdible) y a los contrabandeados de los ´80. Además se sumaron libros y cassettes de video VHS que podían traer los que viajaban al exterior. Esas agrupaciones fueron una verdadera incubadora de mosqueros y dieron el primer gran salto en la difusión y ampliación de la modalidad que se fue ganando un pequeño lugar en las revistas de la época.
En la última década del siglo XX seguíamos siendo muy pocos… de hecho, recuerdo que cuando le contábamos a alguien que pescábamos con mosca, pensaban que encarnábamos con el insecto que revolotea en la basura. En la década del ´90 fue la fiesta de la ley de la convertibilidad, y la segunda apertura a las importaciones, que ponía los equipos al alcance de la mano, pero todavía era un mercado por desarrollar. Hubo emprendedores nacionales que invirtieron mucho dinero en la difusión de la pesca con mosca (el caso paradigmático fue el dealer rosarino de Orvis) y los fly shops aparecieron como hongos. Y el fly fishing empezó su crecimiento exponencial.


Los ´90 fueron también los años del verdadero acriollamiento de la pesca con mosca: se afianzó la práctica en el litoral con el dorado, la tarucha, el chafalote, el pirá pitá, las chanchitas, los dientudos, y las demás especies voraces de la cuenca Paraná – Del Plata, incluso se sumaron especies del mar argentino. En los ´70 se pescaron las primeras tarariras y en los ´80 comenzó la investigación con el dorado, pero en la última década del siglo se demostró que se podía pescar cualquier pez cazador, lo que indicaba que no era necesario viajar hasta la Patagonia para mosquear… ¡se podía en cualquier arroyo, río o laguna cerca de casa!
Con el nuevo milenio, y la aparición de internet, la pesca con mosca literalmente explotó en todo sentido, incluso se sumó el pacú. Hoy cualquiera puede mosquear y, tanto el conocimiento como los equipos, están al alcance de todos. De hecho, es más económica que otras modalidades… y si no me cree sume lo que cuesta un equipo de baitcasting con 10 o 12 señuelos y se dará cuenta de lo que le digo.
EL PATO
Hace 30 años, nuestra revista se participó y empujó el boom de la pesca con mosca dedicándole espacio, incluso muchas tapas en las aperturas de temporada patagónica.
Mario D´Andrea fue quién desde el comienzo acompañó con su pluma en estas páginas este proceso de popularización comunicando la inclusión de las especies del litoral en esta modalidad. Y el que escribe sumó algunos artículos técnicos a fines de los ´90 cuando trabajaba en la Escuela de Pesca con Mosca de Orvis Rosario, y luego se sumó en forma permanente hace 17 años en 2008.


Nuestra revista participó y acompañó la popularización de la pesca con mosca. No sólo brindando espacio en sus páginas, sino, y sobre todo, difundiendo las posibilidades del fly fishing en el litoral, además de ofrecer información y capacitación técnica abundante.
Un verdadero hito fue en 2010 cuando El Pato dio un paso sin precedentes: el curso de pesca con mosca a distancia. Este ensayo pedagógico se convirtió en un hecho sin precedentes que sumó 25 fascículos coleccionables mensuales durante 2 años, algo nunca visto en el periodismo especializado en la pesca, por lo menos en habla española.
Dos años, paso a paso, en 25 entregas, muchos argentinos aprendieron lo teórico y tuvieron las orientaciones básicas para dar los primeros pasos en el lanzamiento y en las primeras jornadas de pesca. Y, debemos confesarlo, fue muy gratificante leer los mails de los pescadores que nos contaban las emociones de sus primeras capturas con mosca.


Estamos en la época de la cultura de la imagen digital y hoy los desafíos son otros: educar para el cuidado de nuestros ambientes y sus especies, si es que queremos seguir mosqueando y pasarles la pasión a nuestros hijos y nietos.

