Mi primera experiencia en la caza mayor, con resultados que nunca había imaginado.
Agustín Spedaletti – STAFF – 100%CAZA
Mi nombre es Agustín Spedaletti, tengo 27 años y desde hace 20 formo parte del ambiente del tiro deportivo y la caza. Hoy integro el equipo de 100% CAZA, pero esta historia empezó mucho antes.
Como dice el dicho: “de tal palo, tal astilla…”. Mi viejo, Jorge “el Flaco” Spedaletti, fue -y sigue siendo – mi fiel reflejo. Él me inculcó este camino con responsabilidad, respeto por la actividad y una sabiduría que fue creciendo entre anécdotas, charlas y momentos compartidos. Esa conexión terminó siendo algo muy profundo para mí.


Siempre fui de la caza menor. La caza de pluma es, sin dudas, la que más me apasiona. Pero un día, casi sin darme cuenta, me picó el bichito de la caza mayor. Fue entonces cuando armamos el fusil, lo calibramos y lo dejamos listo, esperando que llegue la ocasión.
Y llegó…
Un llamado de mis amigos Alfredo Frutos y Adrián Taglialavore, ambos parte del staff de 100% CAZA, puso en pausa todo lo que estaba haciendo. La invitación era clara: ciervos en Corrientes. No lo dudé ni un segundo. A partir de ahí comenzó la organización y, con ella, la emoción: el rifle, las balas, los cuchillos y, por supuesto, el infaltable equipo de mate.
El miércoles, cerca de las 13 hs, emprendimos viaje rumbo a Sauce, Corrientes. Camioneta cargada, papeles en regla y controles superados. Durante el trayecto no paraba de preguntar:
- ¿Veremos bichos?
- ¿A qué distancia se tira?
- ¿Es monte cerrado?
- ¿Hay picadas limpias?
Mis amigos se reían de mi ansiedad mientras me contaban detalles del coto, sus instalaciones y los distintos lotes. Tras unas cinco horas de viaje, llegamos. Una casa antigua, sencilla, pero con todo lo necesario: un gran asador, freezer y una habitación para los cinco cazadores.


Cabe destacar que en La Paz, Entre Ríos, nos encontramos con tres amigos más de Barrancas: Hernán, Benja y Calvo. Desde allí continuamos todos juntos.
Descargamos los equipos, se prendió el fuego para el asado y compartimos algo bien fresco. Entre anécdotas y risas, nos preparamos para salir al día siguiente bien temprano, en busca del ciervo.
Esa noche fue particular. Casi no dormí. La ansiedad me ganó hasta que, a las 5 de la mañana, sonó el despertador. Salté de la cama, me cambié, preparé el mate y saqué a relucir mi Savage Axis .30-06, prácticamente nuevo, ya que sólo lo había usado para calibrar la mira.
Ahí apareció Marcelo, nuestro guía. Tenía apenas 20 años, pero una experiencia y una claridad dignas de alguien con el doble de edad. Ensilló el caballo y partimos.
Después de un largo rato cabalgando, entramos en un monte que parecía dibujado por un pintor. Era perfecto. ¡Qué lugar! Nos bajamos y comenzamos a caminar despacio, atentos a cada movimiento. De pronto, Marcelo se frenó, se agachó y me hizo una seña.
El corazón se me aceleró.
Ahí estaba. Un ciervo hermoso. Intenté mantener la calma, aunque la emoción era enorme. Gateamos un poco hasta llegar a una limpiada desde donde se lo veía imponente. Marcelo me dio el visto bueno.
Saqué el seguro del fusil. Con las manos algo temblorosas, llevé la cruz de la mira entre la paleta y el cuello… y disparé.
- ¡BIEN, AGUSTÍN! ¡ESTÁ HECHO! —gritó el guía.
La emoción fue abrumadora. Cuando llegamos al animal, los ojos me brillaban. Marcelo sonreía y repetía: “Qué hermoso trofeo”. La satisfacción que sentí en ese momento es difícil de explicar. Estaba realmente feliz.


Al regresar a la ranchada todo fue alegría y cargadas. Les conté cada detalle mientras Fredi, Adrián y Hernán sonreían por lo vivido. Así fue mi primer trofeo de ciervo, mi primera experiencia en la caza mayor.
La pasé increíble, rodeado de gente que vale la pena. Se brindaron al máximo para que esta primera vez sea inolvidable. Y como si fuera poco, también nos tocó la lluvia y renegamos bastante para poder salir al ripio. Pero eso también es la cacería: momentos buenos y momentos difíciles.
Si alguien está pensando en iniciarse en la caza mayor, no puedo dejar de recomendarla. Es una sensación única, incomparable.
Ahora solo queda esperar la próxima juntada del grupo, cuando las milanesas de ciervo nos ayuden a revivir este hermoso viaje y todas sus anécdotas.


