Por Ariel Robledo
Llegan los meses de agosto, septiembre y octubre, y el río Colastiné, en la ciudad de Santa Fe, comienza a poblarse de cachorros de surubíes. Hacia allí fuimos en busca de piques.
Estamos transitando un invierno con jornadas de mucha inestabilidad, especialmente en lo que hace a lluvias. Por tal motivo, escoger el día para hacer una salida de pesca no es tarea sencilla. Mirando el pronóstico y tratando de esquivarle al mal tiempo, programamos junto a Mario D’andrea y mi hijo Valentín una salida hacia el Colastiné, con el objetivo de comprobar cómo se presentaba el pique de los cachorros de surubí.


Desde hace ya muchos años, descubrimos que para el mes de agosto el pique de esta especie se afirma en este río que conecta aguas arriba con el Paraná y que, por su fisonomía y recorrido, favorece su presencia. Un dato no menor es que, generalmente para esta altura del año, la carnada que mejor resultado da es la lombriz —especialmente la “dedo”—, ya que los cachorros no están tan activos; se encuentran fondeados y prefieren una opción con mucha menos movilidad o acción que una morena chica o mediana. Lo cierto es que, con esta información en poder, llevamos ambas opciones: lombrices y morenas.
Rumbo al agua
El día amaneció con amenaza de llovizna y bajas temperaturas, pero como ya teníamos todo organizado, a primera hora de la mañana ya estábamos en la guardería de Delfín Náutica. Cargamos los equipos y salimos rumbo al Colastiné. Sin viento a la vista, pudimos navegar sin inconvenientes.
Tras unos 15 minutos de marcha, ingresamos al río hasta un punto donde nos aguardaba Maxi Lutti, de La Morenera KM1, quien nos tenía guardado un reabastecimiento de carnada por cualquier eventualidad. Charlando con él, nos anticipó que ya había tenido un par de piques de cachorros, aunque sin poder concretarlos.
Nos anclamos unos metros más abajo de su posición y comenzamos las pruebas. El ecosonda marcaba unos 6 metros de profundidad, y por el lugar en donde nos estacionamos, el paso de camalotes era incesante. “Están ahí, por donde pasa la mugre”, nos comentaba Maxi, respaldado por los datos de algunos clientes que habían probado en jornadas anteriores.
Valentín y yo utilizamos aparejos verileros, mientras que Mario optó por uno corredizo. El plomo debía ser de unos 90 gramos o más, dado que la corriente venía bastante firme. Colocamos morenas medianas y dimos inicio a la acción.
La primera corrida
Aguardamos unos minutos hasta que llegaron los primeros toques. De pronto, Valentín sintió una llevada firme y clavó: “¡Cachorro!”, gritó, mientras la caña se arqueaba al límite. Así comenzó la mañana, acompañada por una fina llovizna que por momentos se ponía más densa.
Tras la primera captura y su respectiva devolución, y al pasar varios minutos sin respuestas, decidimos cruzarnos hacia la costa de enfrente, un sector de playa más manso. Fuimos sondeando profundidades hasta anclarnos en un veril que marcaba unos 2 metros cerca de la orilla y caía abruptamente a 5 metros. Un poco más adelante estaba Maxi, a quien vimos levantar otro cachorro: estábamos en el sitio indicado, solo era cuestión de esperar.


En un momento, siento un toque brusco en la caña y luego la llevada franca: “¡Otro más!”, y la cuenta comenzaba a sumar. Tras mi devolución, Mario dejó correr la línea y clavó otro ejemplar. El show estaba a pleno, aunque notamos que la actividad se concentraba en un par de piques seguidos para luego cortarse, lo que nos obligaba a movernos de sector constantemente.
Voracidad y sorpresas
Buscamos nuevamente un fondo con un promedio de 5 a 6 metros, la profundidad que mejor resultado nos había dado. En esta oportunidad nos ubicamos en una punta de isla donde el agua golpeaba con fuerza contra una costa de abundante vegetación. Lanzamos hacia la orilla y Mario hizo un tiro largo al medio del río en busca de alternativas.
Pronto, Mario clavó un cachorro y, al traerlo, arrastró sin querer otra línea que teníamos tirada con lombrices como carnada. Saca el pez, lo muestra y lo devuelve; pero inmediatamente, la línea que había quedado cerca de la lancha acusó un pique rotundo. Al levantar la vara, sentí en el extremo los cabezazos típicos de otro cachorrito prendido. ¡Increíble la voracidad que mostraban los surubíes a esta altura del año!
Paralelamente, Maxi —que probaba metros más arriba— levantó otro surubí utilizando lombrices, lo que confirmó que no era casualidad: este cebo sigue siendo uno de los más efectivos para la época. La mañana transcurrió a puro pique; si bien debíamos cambiar de lugar para mantener la acción, la respuesta en cada punto relevado fue excelente.
Un detalle clave fue la profundidad: los mejores piques se dieron siempre entre los 5 y 6 metros, ya que en las zonas más bajas aparecían las palometas, obligándonos a buscar las hondonadas. Asimismo, la vegetación flotante nos exigía revisar y limpiar los aparejos de manera constante para asegurar una presentación limpia.
Conclusión y expectativas
El balance de la jornada fue altamente positivo. Conseguimos múltiples capturas de diferentes tamaños, lo cual nos deja con una perspectiva inmejorable para la tercera edición del torneo “Pescando en Santa Fe”, que se realizará en este mismo curso de agua los días 2 y 3 de octubre, teniendo como grandes protagonistas al surubí y al patí.
Regresamos del Colastiné agradeciendo la generosidad de este río que, aun soportando una gran presión de pesca comercial, continúa siendo el refugio preferido de los pescadores para disfrutar de la variada y de especies calificadas.

Invitamos a todos los aficionados de la región a compartir una jornada a pura adrenalina, con excelentes premios y numerosos sorteos entre los inscriptos.
Consultas e informes
- Viernes 2 de octubre: Noche de Peña en el Parador 1980 de la Costanera Este y entrega de kits para los participantes.
- Sábado 3 de octubre: Encuentro de Pesca del Surubí y Patí, con más de 80 millones de pesos en premios para los ganadores y sorteos especiales.
- Sitio web: www.pescandoensantafe.com.ar
- WhatsApp: +54 9 342 528-1975

