El ascenso en el nivel de las aguas trae consigo dos situaciones bien diferentes: por un lado, la preocupación de las comunidades ribereñas y, por el otro, el respiro que se le da a la naturaleza para la reproducción de las especies.
Los ciclos cada tanto se repiten, y desde el año 2016 no teníamos una crecida de nuestros ríos como la que se está produciendo ahora. Aunque en aquella oportunidad solo duró unos pocos meses, en esta ocasión —y según los pronósticos— puede extenderse por un tiempo más prolongado.
Esta situación, que ya se venía anticipando, hoy la estamos palpando y nos presenta dos escenarios marcados: la preocupación y el trabajo de evacuación al que se someten las comunidades ribereñas, muchas de ellas acostumbradas a estos ciclos, y la oportunidad para las especies ícticas de renovar sus poblaciones tras haber sido depredadas durante los años de bajante (en algunos casos hasta el abuso, sin que nadie hiciera nada por proteger o cuidar el recurso).


Lo cierto es que hoy, si uno recorre la zona de islas y bañados, se encuentra con un paisaje natural lleno de vida, ya que las lagunas y los esteros vuelven a conectarse con los grandes cursos, transformándose esta situación en una “veda natural” para la mayoría de las especies.
El amplio delta de San Javier se ha transformado y ahora parece un gran mar de agua, en donde todavía quedan al descubierto zonas de islas altas que resisten solitarias el embate de las crecidas.
Con esta información, y con los datos de una buena pesca, nos pusimos en contacto con Mario D´Andrea para que nos comente cómo está la situación del río y la pesca en la región.
Con respecto a la crecida, es importante destacar el gran operativo que se está llevando adelante en las zonas bajas de las islas para retirar el ganado que durante muchos años pastoreó en estos humedales. A los trabajos de traslado de hacienda se le suman los refuerzos en las defensas de las viviendas cercanas a la costa. En la mayoría de los casos, la gente ya se fue preparando con tiempo debido a los anuncios y pronósticos que se venían dando.


Por otro lado, los ríos volvieron a tener esa vida que tanto extrañamos y reclamamos durante casi diez años de bajantes históricas, con cursos que parecían desaparecer debido al avance de la vegetación. Hoy estamos viendo cierta normalidad en los caudales, y eso también favorece a los peces: cardúmenes de alevinos y mojarras comienzan a movilizarse por los bañados, generando una revolución de aves zancudas y de peces predadores que se concentran en busca de alimento.
Todo comienza a cambiar con el río alto, y las posibilidades de pesca se multiplican, especialmente para quienes gustan de la pesca con señuelos o moscas, ya que la claridad del agua es la ideal para el uso de artificiales.
Así fue que, con este panorama de muy buena pesca en el delta sanjavierino, pudimos disfrutar de la visita de pescadores extranjeros que se llevaron la mejor impresión de nuestro litoral, con varias capturas de dorados y algunas sorpresas, como un cachorro de surubí que tomó el engaño sin titubear.
Muchos piques y situaciones de pesca que extrañábamos hoy se vuelven realidad. Ojalá el río se mantenga en un nivel alto, pero sin causar el daño que muchas veces provocan las grandes crecidas.


La naturaleza cumple su ciclo —que oscila entre bajantes históricas y crecidas extraordinarias—: un proceso natural necesario para la preservación de las especies y un escenario ideal para aprovechar por quienes disfrutan de la pesca deportiva con señuelos.
Consultas y contacto:
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