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“EL VIENTO ENGAÑA”

Nuestra aventura comenzó una semana antes, durante una peña de viernes con “los vagos”, cuando entre risas y chistes surgió la idea de aprovechar el finde XXL de Semana Santa y hacer un campamento.

Por Gastón BaldacciFotografías: Valentín Robledo

Indecisos entre ir al monte o a la isla aproveché a escribirle a Mati, de La Paz, primo de mi amigo Santiago Muller quien fue uno de mis primeros amigos en el ámbito de la caza y con quien compartimos varias cacerías desde chicos.

Matías no tardó en contestar y confirmar que las puertas del “San Juan” estaban abiertas para recibirnos… (Hago un paréntesis para agradecerles infinitamente a Matías y su padre Gonzalo quienes no pudieron estar presentes, sin embargo, la atención y preocupación por nuestra comodidad fue absoluta).

Fue así como empezamos a darle forma a nuestro viaje: armamos lista con lo necesario y dividimos las tareas; hasta ese entonces solamente éramos 3 (Fede, Vale y quien les escribe), Darío se agregaría casi a lo último, pero con la misma importancia en la organización.

Llegado el primer día del finde XXL partimos a primera hora hacia la provincia de Entre Ríos, frenando previamente en la casilla de Recursos Naturales, cuya oficina se ubica pasando el Túnel Subfluvial, donde compramos la licencia de caza correspondiente. Entre risas, mates y miles de anécdotas del personaje Fede (ya lo van a ver en el canal de Youtube x Fogon Amigo) llegamos casi sin darnos cuenta del tiempo.

DIA 1: “El axis”

Al ingresar al campo nos dimos cuenta que no teníamos señal de ningún tipo en los dispositivos móviles, por lo que decidimos dedicarnos a armar tranquilos la carpa, para luego salir a hacer reconocimiento del terreno. Una vez que el campamento estuvo en pie, nos dirigimos al monte buscando points de pesca y pasadas de ciervo o chanchos. Sobra aclarar que huellas había por absolutamente TODOS lados… ¡Increíble!… una cosa es contarlo y otra verlo.

A eso de las 13 hs. pegamos la vuelta para cocinar el almuerzo. Dormimos una siesta reparadora y nos despertamos recordando que no habíamos llevado comida para la noche; pues, la idea era lograr pescar alguna tarucha o cazar algún chancho para poder tirar al disco. Ni bien nos acomodamos, partimos casi de inmediato, los chicos con caña en mano y por mi lado fusil al hombro. Una vez en el point de pesca les dejé un Handy y los abandoné para realizar un rececho en las últimas horas de la tarde para ver si lograba cazar. Por desgracia no logré ver, ni escuchar, ningún animal y ya eran casi las 19hs. Con poca luz y el plan previo de encontrarnos a esa hora en el vehículo, decidí salir del monte y emprender la vuelta.

Nuestro vehículo estaba semi oculto al costado de un rastrojo de soja recién cosechado, por lo cual apenas llegué y aprovechando que había llegado primero, me acerqué al borde del sembrado y visualicé un chancho a unos 500 m., pero ni bien lo vi se metió al monte… me pareció raro porque el viento estaba a mi favor y ruido no había hecho, sumado a la distancia en la que me encontraba. No obstante, mientras estas ideas se cruzaban en mi cabeza veo como comienza a salir del monte una tropita de cuatro axis en la misma dirección donde estaba el chancho. Inmediatamente comencé el rececho totalmente lento y bien pegado al borde del monte, mi miedo era que me vean porque todavía había luz diurna y no tenía vegetación para ocultarme.

Pude acercarme hasta unos 200 m. de ellos y tuve que detenerme. Ya me habían descubierto y estaban ingresando al monte, de los cuatro iniciales sólo quedaban dos y uno de ellos estaba con medio cuerpo dentro del monte. Pensé que si iba a tirar tenía que ser en ese momento y a esa distancia, así que tomé el Remington 783 30-06 y esperé a que la cierva, que quedaba afuera, me diera un buen tiro en la paleta. A todo esto la cierva seguía de frente y a mí se me estaba acabando la luz… 19:30hs. Pude disparar y vi como entró mal herida al monte, fui directamente a buscarla pero no pude encontrar sangre para seguirla, luego de una hora abandoné la búsqueda y volví al auto. Los chicos ya estaban esperándome, impacientes por saber respecto al disparo.

Por suerte, ellos tuvieron mejor suerte con la pesca, así que nos fuimos directo al campamento a fritar unas taruchas. Una vez terminamos de comer y aprovechando que había una luna llena espectacular nos fuimos a apostar un rato a la soja… ¡Luego de una breve apostada, realmente la cantidad de animales era evidente de TODOS LADOS APARECIAN CHANCHOS!!! De la forma y el color que uno busque jaja.

Me gustaron 3 bastante grandes que tenía a unos 150 m. por lo que busqué el viento y decidí ir por ellos. Me puse a una distancia realmente muy corta, tenía el viento espectacular y estaban muy entretenidos comiendo. Nuevamente esperé a que uno me diera buen tiro de paleta a unos 50 m. y disparé. Otra vez, misma secuencia: animal herido y metiéndose al monte sin rastro de sangre. No lo dudé y le dije a los chicos que peguemos la vuelta, no valía la pena seguir hiriendo animales así, cuando probablemente el fusil (o el tirador) estaban “descalibrados”.

DIA 2: “El cimarrón”

Apenas me desperté busqué un buen apoyo y un blanco para poder realizar tiros de prueba a ver si era el fusil o yo. Mientras Fede, Vale y Darío se encargaban de hacer unas tortas fritas espectaculares para desayunar con unos buenos mates!

El fusil estaba bien, apenas 1 cm. a la izquierda, pero nada que preocupara, así que era el “indio” nomás jaja. Cuando estábamos terminando de desayunar se acerca un peón con sus perros y nos ofreció ayuda en la búsqueda de los animales, por lo que limpiamos un poco la cocina y salimos nuevamente para la chacra esta vez con los perros.

Increíble lo de estos animales, una vez en el lugar del tiro, no tardaron en encontrar rastro y posteriormente ¡¡¡la cierva!!, ya me había cambiado el humor, al menos ya teníamos un animal y el tiro estaba bien colocado en los pulmones, pero definitivamente le alcanzó la energía para huir… Faltaba en el chancho, los perros encontraron rastro pero luego de una larga búsqueda de unas dos horas no logramos dar con el animal por desgracia.

De vuelta en el campamento limpiamos la cierva y sacamos un lomo para ponernos a cocinar unas empanadas fritas realmente riquísimas, armamos una cadena de producción donde todos laburamos: Fede se encargó de las papas fritas, yo me puse a cocinar la carne y Darío con Vale se encargaron del repulgue.  

Por la tarde, repetimos el plan: los chicos se fueron a pescar y, yo, esta vez, decidí quedarme apostado en la soja. Había un viento suroeste bastante intenso y supuse que los ciervos no se moverían por lo que jugué las cartas con la esperanza de que algún chancho saliera a comer temprano.

Las horas pasaron y cayó la tardecita, cuando, de repente, escucho que algo venía caminando hacia mi dirección desde la otra punta del sembrado; para ese entonces ya eran las 19 hs. y nuevamente la luz diurna se apagaba y los chicos pegaban la vuelta al vehículo por lo que, antes de levantar el arma, tomé el Handy y les pedí que se quedaran quietos por seguridad ya que iba a efectuar un disparo. ¡El “bulto” seguía acercándose, ya era tan corta la distancia que me levanté como si de una cacería de patos se tratara, para que el animal frenara y me diera tiro…  ¡¡Funcionó!! El padrillo frenó en seco al ver el movimiento dándome espacio a disparar.

Y así es como el viento engañó a un viejo y mañoso ¡¡¡padrillo!!! El bicho sabía en qué horario moverse y por dónde ir sin hacer ni un ruido, pero no contaba con que yo estaría bien posicionado en cuanto al viento y podría distinguirlo antes.

Esto no iba a quedar así, el animal malherido logró ingresar al monte y me tocaba ir a buscarlo. Desenfundé la pistola y con una linterna comencé a seguir el rastro de sangre. No tardé en encontrarlo y rápidamente lo rematé con mi Bersa .40 S&W. El disparo fue de frente y nos dificultó la fotografía clásica con la boca abierta, pero, por suerte, el trofeo está intacto.

Con la ayuda de mis amigos logramos sacarlo del monte y prepararlo para transportarlo, mientras hacíamos esto, escuchamos cómo se asomaba una tropilla de chanchos. Apagamos nuestras linternas y fui a ver si lograba ubicarlos. Pude acercarme a unos 150 m. y darle a una chancha bastante gorda; ya nuestras conservadoras estaban en su límite por lo que finalizamos la cacería y volvimos al campamento a despostar y cenar un guiso de cimarrón.

DÍA 3

Luego de una larga noche de festejos por el padrillo conseguido y una espectacular cena donde el vino no faltó, nos despertamos y comenzamos a ordenar todo para emprender el regreso a casa. Me gustaría aclarar que si bien yo fui el tirador de esta jornada la cacería fue gracias al trabajo de los cuatro amigos y ese padrillo es fruto de la camaradería que tuvieron todos, donde a ninguno le pesó ensuciarse las manos cuando tuvo que hacerlo por el equipo.

Nuevamente gracias a Matías y Gonzalo por abrirnos sus puertas y gracias a Fede, Vale y Darío que me acompañaron en esta aventura. Espero les haya gustado esta nota y pronto nos encontraremos en una nueva experiencia.