Inicio / Novedad / APERTURA DE TEMPORADA: PASIÓN, PERROS Y PERDICES.

APERTURA DE TEMPORADA: PASIÓN, PERROS Y PERDICES.

Finalmente, llegó ese día que todo cazador de pluma espera con ansiedad durante meses: el inicio de la temporada de perdiz. El 10 de mayo se dio el puntapié oficial en la provincia de Santa Fe, extendiéndose hasta el 27 de julio.

Por Sebastián Sánchez

Tras varias semanas de vareo junto a nuestros inseparables compañeros de cuatro patas, el domingo 11 organizamos la primera salida al campo con parte del equipo de 100%CAZA.

Salimos temprano, como se debe, aprovechando la frescura de la mañana, en un intento por contrarrestar los días húmedos y calurosos que veníamos soportando y que no ayudan, ni a los perros, ni a nosotros. A las 9 ya estábamos caminando los potreros.

Nos dividimos en dos grupos: Tato Peralta y Dante Olivero se metieron en una pastura de tambo junto a Yul, el pointer de Tato, y Milo, el bretón de Dante. Por otro lado, Santi Ricardini y yo, Seba Sánchez, salimos con mi cachorro de bretón —también llamado Milo— a recorrer otro potrero. El rocío era denso y las perdices aún no habían caminado demasiado, lo que complicaba el trabajo de los perros. Afortunadamente, una brisa suave ayudaba un poco.

En cuanto a equipo, Dante, Santi y yo utilizamos escopetas calibre 12, todas de caño superpuesto, mientras que Tato portaba su legendaria Carlos Grassi calibre 28, también superpuesta, una joya que ya es parte de la historia del grupo. Los cartuchos elegidos para la jornada fueron Orbea y Stopping Power, confiables y efectivos para este tipo de caza.

Mi pequeño Milo, de apenas cuatro meses, está en plena etapa de aprendizaje, siguiendo los consejos de mi amigo Diego Libardi, un apasionado criador y adiestrador de bretones. Apenas entramos al potrero, Milo comienza a seguir un rastro. Santi, cámara en mano, empieza a grabar justo cuando una perdiz rompe vuelo frente a nosotros. Acierto el disparo y Milo, entre juego, sorpresa y desconfianza, va tras ella. Finalmente la agarra y me la trae. Fue un momento único, el primero de muchos que espero vivir con él. Le lancé la pieza una vez más para reforzar la acción y continuamos el recorrido.

A lo lejos escuchábamos los disparos de Tato y Dante. Comentábamos con Santi que seguramente les estaba yendo bien. A los pocos minutos, con viento en contra, Milo vuelve a marcar. Esta vez era el turno de Santi, que acierta al segundo tiro y, nuevamente, Milo, sale a buscar la perdiz. Luego de esa segunda captura, decidí regresar al jeep. Como bien me aconseja Diego, es clave dejar al cachorro con ganas de más. Santi continuó un rato más mientras yo volvía.

De a poco, el resto del equipo se fue reuniendo. Dante y Tato llegaban con casi el cupo completo. Entre mates y anécdotas, Dante nos contó un mal momento: se topó con una yarará. Iba caminando con su perro cuando notó que algo no estaba bien. La víbora estaba estirada en el suelo, y al dar un paso más, se enroscó. Por suerte no pasó nada, pero el susto quedó. Este clima caluroso trae estas sorpresas que, sinceramente, preferimos evitar.

Después de unos mates, Dante decidió salir una vez más y lo acompañé con la cámara, mientras Santi y Tato se quedaron con mi Milo. Dimos una vuelta corta y volvimos, justo a tiempo para lo que considero el verdadero folclore de la caza: el campamento, la sombra de las plantas, el asado, la charla entre amigos.

El mediodía…

Bajamos todo del jeep y, Tato, maestro de la parrilla, rápidamente encendió el fuego. Ese momento de compartir, de repasar la mañana, de reírse de lo bueno y lo malo, es lo que más valoro. Es cuando se forjan las historias que se contarán una y otra vez en la peña del viernes.

El asado estuvo de primera. La sobremesa se alargó mientras el sol seguía castigando fuerte. Esperamos a que aflojara un poco para salir nuevamente y completar los cupos. Con la tarde avanzada y el termo otra vez cargado, emprendimos el regreso a casa.

Fue una jornada inolvidable, más allá del susto con la víbora. Una de esas salidas que quedan grabadas no solo en la memoria, sino en el alma. Esta pasión por la caza responsable me fue transmitida por generaciones. En cada salida llevo conmigo el recuerdo de mi abuelo, Line Sánchez, mi mentor y maestro de la vida. Siempre presente en el campo, en cada paso, en cada perro, en cada tiro.

Gracias a quienes se tomaron el tiempo de leer estas líneas. Gracias a mi familia, que siempre me apoya. A Armería Fornari, a Revista El Pato por la oportunidad de compartir esta pasión en estas páginas, y al equipo de 100%CAZA —especialmente a Santi Ricardini y Lauti Trossero— por hacer posible este hermoso proyecto que promueve la caza con respeto, dedicación y, sobre todo, pasión.