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LA INCERTIDUMBRE DE UNA ETAPA QUE VA TERMINANDO

Cuando nuestro fiel compañero de aventuras se va poniendo viejo y se acerca su jubilación, se siente un enorme vacío e incertidumbre. Por suerte me salvó las papas el cachorro de un amigo.

Por Néstor Baldacci – fogonamigo@gmail.com Fotografías: Damián Gallo – @fogon_amigo

Hace tres o cuatro temporadas que mi gran compañera “Lola” ya no está. A partir de ahí, fue tan grande el dolor que no me sentía preparado para entrenar un nuevo perro. Por ese motivo, aproveché a cazar con “Huayra”, la perra de mi hijo, y ocasionalmente con “Guapa”, la perra de Damián, que habrán visto estos últimos años en mis notas. Pero el paso del tiempo es tirano: Huayra hoy también está bastante grande, con diez temporadas encima y una afección cardíaca muy leve, pero afección al fin, lo que me ha puesto en un brete bastante importante.

Quienes me conocen realmente bien saben de la pasión que vivo con la caza de la perdiz, al punto de considerarla parte de mi esencia. El tema es que veo que Huayra, si no se jubila esta temporada (un 80% seguro), la próxima ya será su retiro definitivo. Así que la situación me ha obligado y estoy decidido a hacerme de un nuevo compañero a la brevedad. La temporada 2027 será de “escuela, paciencia y perseverancia”, con algún lance cortito junto a la veterana. Veremos… La decisión está tomada; ahora falta llevarla adelante.

Por lo pronto, el último fin de semana de junio salió cacería invitado por nuestro amigo Pablo Ettolitre, excelente tirador deportivo e integrante de la Federación Santafesina de Caza y Tiro Deportivo. No solamente nos compartió sus permisos de campo, sino que además, como le comenté que Huayra no estaba en las mejores condiciones ese fin de semana, sin dudarlo me prestó uno de sus perros: Enzo, un joven pointer con mucho entusiasmo y una nariz increíble.

Llegamos al pueblo de nuestro amigo a las 12:45, ya que los sábados trabaja media jornada y el domingo se nos complicaba a todos. Así que, entre pitos y flautas, en el campo estuvimos cerca de las 13:30, con la suerte de que el encargado ya había encendido el fuego y nos iba a preparar el asado que llevamos, mientras le dábamos la primera vuelta al campo.

El día estaba precioso, realmente, aunque a mi gusto algo caluroso —unos 18 °C o 19 °C a esa hora—, y se hacía sentir a pesar de haberme puesto solo una camisa y el chaleco. Pablito me dio a Enzo con su correa y salimos a enfrentar el primer potrero para conocernos con el jovenzuelo. No sé si alguna vez lo han hecho, pero es todo un desafío, porque cada perro caza para y con su dueño, tiene un estilo propio, responde a su tono de voz, a sus gestos o a su silbato, y no al de ese extraño que ahora resulta que “le quiere dar órdenes y pretende que le cace para él”. De todas formas, las veces que he vivido esta situación —que por suerte han sido muchas—, siempre fueron excelentes experiencias.

Recuerdo años atrás, cuando la nafta era muchísimo más barata y viajábamos a Buenos Aires, La Pampa, Córdoba, Corrientes y Santiago del Estero a cazar con amigos que nos invitaban. Tarde o temprano hacíamos algún que otro lance con sus perros, teniendo además la inolvidable oportunidad de cazar con prácticamente el 90% de las razas de perros de muestra que hay en Argentina. Creo, si mal no recuerdo, que me quedaron sin cazar el Drahthaar, el Spinone, el Perdiguero de Burgos (hoy presente en Argentina) y el Gordon Setter; pero el resto, seguro, me dio por lo menos una o dos perdices en cada aventura. Y sí, es un desafío, como expliqué antes, pero es muy lindo vivirlo.

Sin mentirles, les digo que con Enzo encontramos la conexión bastante rápido. Aprendí a diferenciar su punto de toma de emanación, su aproximación y su muestra final; y él aprendió que yo no le iba a gritar ni a tratar de torcer su resolución de extenderse en la búsqueda si no había perdices cerca. Así que no tardamos más de 100 metros en concretar la primera muestra seguida de derribo.

Enzo es un perrito jovencito que está aprendiendo —podrán ver el video completo de esta cacería en el canal de YouTube de Fogón Amigo—. Cuando tiene una emanación cerca de la nariz, se echa al suelo al mejor estilo setter inglés, pero la aproximación final la hace erguido o semiagazapado, y no se mueve si no le das la orden, lo que logra una definición exquisita y muy fácil para el tirador.

En los primeros potreros no encontramos muchas perdices, pero salvo una errada, el resto terminó en el chaleco, por lo que el balance fue más que positivo para ir a almorzar contentos. Ni hablar de Pablito, que junto a su perro “Tito” —un pointer sólido negro ya adulto— hace un equipo fenomenal. Así que era hora de disfrutar de los chinchulines, los choris, las costillas y el matambrito de cerdo, previa picada de salame y queso entre comentarios de esa cacería, las infaltables anécdotas, los recuerdos de temporadas pasadas y de los cazadores que ya no están en este plano, pero que nos acompañaron y de los que tanto hemos aprendido.

Costó salir de la sobremesa, pero a las 16:40, ya con poco más de una hora y media de luz solar disponible, decidimos arrancar para otros potreros. En mi caso, ya estaba bastante satisfecho, así que con un solo potrero me alcanzaba; y “Enzo” se puso la diez, por lo que fue un cierre de cacería espectacular, a pesar de que erré cuatro o cinco perdices de manera increíble e inexcusable. Creo que mi joven conductor canino no me puteó tanto, ¡jaja! La última fue una perdiz que cayó mal herida en un pajonal alto y que solo pude recuperar porque el perro la encontró y la sacó de debajo de un pastizal denso donde se había fondeado.

Ya empezaba a atardecer y, a pesar de que el otro equipo (Pablo, “Tito” y Damián con las cámaras) seguía tirando, decidí volver a los vehículos, someter a una considerable y bien merecida sesión de caricias a mi joven amigo y empezar a limpiar las piezas antes de que oscureciera. Disfrutaba simplemente de estar ahí en ese momento, con un sol que se escondía como un huevo frito bien naranja, mientras la luna casi llena ya alta me hacía pensar en jabalíes, y de fondo las perdices sobrevivientes trinaban para agruparse.

Fue realmente una jornada de caza espectacular. Siempre anduvimos por potreros de pastura bien natural, salvo un rastrojito viejo de sorgo. El día estuvo precioso, aunque algo templado, pero a la tarde empezó a refrescar de manera considerable. Una cacería compartida con un muy buen amigo, conociendo campos nuevos, disfrutando de un asado exquisito y llevándonos unas imágenes espectaculares para el canal.

¡Muchas gracias, Pablito! Muchas gracias por Enzo, que sin dudas se convertirá en un excelente compañero de aventuras.

Nos queda un mes de temporada. En mi caso, no me gusta extenderme a agosto, aunque haya provincias que mantengan abiertas sus temporadas; de todas formas, poco más o poco menos, todavía tenemos unos buenos fines de semana para disfrutar antes del receso. Ojalá podamos todos aprovecharlo al máximo, y recuerden: aquellos que quieran ver los videos, nos buscan en YouTube.