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CIENCIA Y CAZA

Texto y fotos de ACETRA.

El relevamiento anual de abundancia de patos, realizado por científicos, organismos públicos y operadores cinegéticos, confirma tendencias poblacionales alentadoras y reafirma una idea central: no existe caza responsable sin conocimiento científico.

CONOCER PARA CONSERVAR

Quienes conocemos el monte, los humedales y las lagunas sabemos que una buena temporada no depende solamente del clima o de la suerte. Depende, sobre todo, de que las poblaciones se mantengan sanas y abundantes.

Por eso, nadie tiene mayor interés en conservar una especie que quienes esperamos seguir encontrándola dentro de diez, veinte o cincuenta años.

En ese sentido, los censos y el monitoreo científico, lejos de ser simplemente una obligación burocrática o un ejercicio académico, son la base sobre la que se construye el futuro de la actividad cinegética.

Hoy, en todo el mundo, el seguimiento sistemático de la fauna constituye una de las principales herramientas para la gestión moderna de la biodiversidad.

Permite conocer cómo evolucionan las poblaciones, detectar cambios antes de que se conviertan en problemas y definir estrategias de manejo adaptadas a cada especie y ambiente. Y Entre Ríos hace tiempo que viene consolidando ese camino.

UN TRABAJO QUE UNE CIENCIA Y TERRITORIO

El reciente Informe de Relevamiento de Abundancia de Patos 2025 representa un nuevo paso en esa dirección. El trabajo fue el resultado de una colaboración entre biólogos y especialistas de la Cámara Argentina de Turismo Cinegético y Conservacionismo (CATCyC), de la Universidad Nacional de La Pampa, CONICET, INTA y la Dirección de Recursos Naturales de Entre Ríos.

Además, a ese enorme esfuerzo se sumó el conocimiento del territorio y el apoyo logístico de operadores cinegéticos de la provincia, demostrando que la conservación es una tarea que requiere el compromiso de muchos actores.

Los resultados son alentadores: las principales especies relevadas presentan poblaciones abundantes y una amplia distribución en la provincia:

  • Sirirí Pampa: supera una estimación de 2,9 millones de ejemplares.
  • Pato de Collar: ronda los 2 millones.
  • Pato Brasilero: alcanza aproximadamente 660 mil individuos.
  • Pato Picazo: supera los 250 mil.

LA IMPORTANCIA DEL MONITOREO CONSTANTE

En agosto, cuando muchas de estas especies comienzan sus movimientos migratorios, el relevamiento volverá a realizarse en distintos puntos de Entre Ríos.

Esa continuidad es, precisamente, uno de los mayores valores del trabajo: un censo aislado ofrece una fotografía; una serie de censos anuales permite entender la película completa.

Gracias a ese seguimiento sostenido, hoy es posible observar tendencias positivas: las poblaciones crecen y gozan de buena salud.

Cada censo nos permite comprender cómo se distribuyen estas especies dentro de la provincia y cuáles son los ambientes que resultan fundamentales para su conservación.

Por ejemplo, mientras algunas especies se concentran en grandes lagunas y humedales permanentes, otras prefieren bañados temporarios o sistemas asociados a los principales cursos de agua.

NO EXISTE CAZA RESPONSABLE SIN INFORMACIÓN

Quienes formamos parte del mundo de la caza deberíamos ser los primeros en valorar y apoyar este tipo de estudios.

Porque los cupos de aprovechamiento, las temporadas habilitadas y las áreas permitidas no nacen de manera arbitraria ni intentan justificar una actividad. Se construyen sobre información confiable que permite evaluar permanentemente el estado de las poblaciones y actuar cuando las condiciones lo requieren.

Esa es la diferencia entre administrar un recurso y simplemente explotarlo.

Si las poblaciones son abundantes, los datos brindan tranquilidad y respaldan la continuidad de las estrategias de manejo. Si aparecen señales de alerta, permiten corregir el rumbo antes de que el recurso se vea comprometido.

En otras palabras, no existe caza responsable sin monitoreo permanente. Y esa responsabilidad también nos pertenece.

EL FUTURO DE LA CAZA DEPENDE DE NOSOTROS

Cada vez que respetamos un cupo, recogemos una vaina o apoyamos un relevamiento científico, estamos haciendo mucho más que cumplir una norma: estamos contribuyendo a que la actividad tenga futuro.

Porque el verdadero éxito de una temporada no se mide únicamente por buenas jornadas de caza. Se mide por que nuestros hijos y nietos también tengan la posibilidad de entrar a un humedal al amanecer, escuchar el vuelo de una bandada y sentir la misma pasión que nosotros sentimos hoy.

Ese futuro soñado depende de seguir gestionando la fauna con conocimiento, monitoreo y ciencia. Y lo mejor de todo es que está en nuestras manos.