Una modalidad de caza que se está imponiendo en buena parte del mundo y que, en cierta manera, se contrapone a la caza de trofeos.
Textos: Néstor Baldacci – nestor.baldacci@hotmail.com / Fotografías: Damián Gallo – @fogon_amigo
Es cierto que existe un debate informal —que incluso ha llegado a posiciones realmente antagonistas— entre aquellos cazadores que tradicionalmente han antepuesto la búsqueda del mejor trofeo como único objetivo válido de sus cacerías, y una nueva oleada de cazadores que simplemente van “por la carne” y, si se cruzan con un trofeo, mucho mejor.
Aquí los argumentos de uno y otro lado se atrincheran en la ética y en el interés personal de cada uno. Sinceramente, creo que ambas posiciones tienen razón; de hecho, me identifico más con los segundos que con los primeros. Al hablar de caza mayor en Argentina, salvo alguna muy antigua y honrosa excepción, lo cierto es que estamos cazando animales exóticos invasores que biológicamente deberían ser removidos del ambiente para sostener su equilibrio natural.
ESPECIES EXÓTICAS INVASORAS (E.E.I.)
Los problemas ocasionados por los jabalíes, los cerdos silvestres y los ciervos axis a los productores agropecuarios en Argentina han sido identificados desde la introducción de dichas especies en el territorio nacional. En los últimos años, su constante expansión e incremento poblacional han acentuado los conflictos, no solo con la producción agropecuaria, sino también generando graves problemas en el equilibrio de la biodiversidad.


Inicialmente introducidos como especies atractivas para la caza mayor, encontraron en nuestro territorio un sistema natural realmente fantástico para su reproducción: abunda el alimento y la presión de predadores naturales es prácticamente nula, lo que les ha permitido una expansión hoy alarmante.
El jabalí es la especie que dio origen al proceso de domesticación que conforma la diversidad de razas de cerdos domésticos y asilvestrados actuales; constituyéndose en el único caso en el cual la especie originaria convive sin problemas con sus derivados domésticos.
El éxito de estos animales como colonizadores se basa en su gran tolerancia a condiciones climáticas muy diversas —que van desde climas subantárticos hasta tropicales—, en una dieta alarmantemente omnívora (que incluye crías de ganado doméstico) y en la tasa reproductiva más alta entre los ungulados. Tan es así que la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza lo considera una de las 100 especies exóticas invasoras más dañinas del mundo.
En la mayoría de los lugares donde existen poblaciones naturalizadas de esta especie y sus derivados asilvestrados, se han identificado múltiples impactos negativos: grave deterioro y modificación de la composición del suelo, daños en la producción agrícola y ganadera, y transmisión de zoonosis.
El axis es una especie no domesticable que no interviene con otras especies como lo hace el jabalí, pero que sin embargo, en nuestro país —en particular en la zona del Litoral, la pampa húmeda y la Mesopotamia—, ha encontrado condiciones perfectas para su explosión demográfica. Además, posee una gran adaptabilidad a zonas de humedales e islas, logrando una colonización alarmante en todas las islas de la cuenca del río Paraná.
En nuestro país es otra de las consideradas especies exóticas invasoras que producen un serio deterioro en el ecosistema natural, daños en la producción agrícola y transmisión de zoonosis, por lo que también es necesario tomar medidas urgentes para su control.
Lamentablemente, esta especie posee una imagen diametralmente diferente a la del jabalí y el chancho silvestre debido a su semejanza con el famoso “Bambi” de Walt Disney, lo que genera una peligrosísima simpatía en una sociedad que desconoce sus efectos nocivos sobre nuestra naturaleza.
Existen otros exóticos invasores con “menos cartel”, quizás por su menor dispersión geográfica o por ser menos tentadores para el cazador promedio, tales como el antílope y el búfalo de agua. Incluso técnicamente el ciervo colorado y el ciervo dama se encasillan entre las E.E.I., pero su nivel de reproducción y su manejo los mantienen por debajo del radar.


MÉTODOS DE CONTROL
Existen básicamente dos métodos de control que en realidad se pueden complementar, sin llegar a ser 100% eficaces por sí mismos:
- Métodos de exclusión física: La instalación de cercas de exclusión es una forma no letal de proteger determinadas áreas o infraestructuras puntuales; sin embargo, son costosas y poco prácticas a gran escala (tanto su instalación como su mantenimiento) y se ha comprobado que no logran garantizar un aislamiento absoluto.
- Métodos letales: La caza de control o regulación en sus diversos métodos incluye el trampeo, el acoso con perros, la caza con armas de fuego, la caza con arco, e incluso recursos modernos como helicópteros, sistemas de visión nocturna y térmica, y el uso de supresores y silenciadores. Todos ellos se emplean en gran parte del mundo en situaciones similares.
LA CAZA COMO CONTROL DE E.E.I.
Ahora bien, quisiera explayarme un poco en este concepto que refleja el título de esta nota. En definitiva, debe entenderse como aquella actividad de caza —en nuestro caso de especies mayores como el ciervo y el jabalí— que no persigue la búsqueda del mejor trofeo, sino que funciona como una herramienta más dentro del universo de acciones tendientes, ya no a extinguir la especie (lo cual resulta improbable), sino a controlar tanto su dispersión territorial como su crecimiento demográfico (una tarea también compleja, pero al menos un intento válido).
En este sentido se empodera y recupera prestigio el cazador que va en búsqueda de la carne y los derivados del animal, sin poner el énfasis y objetivo único en la apertura, la cantidad de puntas y calidad de su cornamenta o el tamaño de sus colmillos y amoladeras. El cazador que realmente colabora en la acción de control de E.E.I. es aquel que da caza al animal prácticamente sin importar su sexo, tamaño o época reproductiva.
Sé que esto puede despertar muchos comentarios en contra, pero es la realidad: cuando uno habla y practica la caza de control debe, como primera medida, despojarse del purismo tradicional de la búsqueda del trofeo (tan vinculado a la tradición europea aristocrática) y volcarse a una caza “por la carne” o “por las milanesas”, como suelen tratar de desacreditarla.
Esta es la verdadera caza como herramienta de control y es la que recomiendan los biólogos, porque no se trata de elegir el animal más representativo de su especie, sino de retirarlo del espacio vital que ocupa en un nicho ecológico que no le pertenece, por muy bien adaptado que esté.
En este sentido, quizás los pioneros en nuestro país —al menos que yo conozca, pero puedo equivocarme— sean los cazadores que formaron la Asociación de Controladores de Exóticos Invasores para intentar erradicar el axis y el jabalí del Parque Nacional El Palmar, en la provincia de Entre Ríos. Este es un modelo que hoy intenta replicar la Federación Santafesina de Caza y Tiro Deportivo en diferentes ambientes de la provincia, tanto de manejo privado como público, donde ambas especies están causando estragos no solo en la producción agropecuaria, sino también en ambientes naturales considerados reservas.
Superado ya el debate de si hay que cazar solo el trofeo y macho de cada especie o no, la caza de control no solo puede ser una herramienta más en lo que hace a las exóticas invasoras, sino también el cimiento fundamental que sostenga con firmeza la CAZA en general. Esto cobra especial relevancia en un contexto social hoy atravesado y cegado por corrientes animalistas que intentan —muchas veces con un enorme e irrazonable éxito— humanizar a los animales domésticos y silvestres.


Así que, muchachos, les guste o no, piensen que esta modalidad de caza se está transformando poco a poco en la mejor bandera para defendernos. Quienes estén interesados en aprender un poco más, no duden en contactarse con la Federación a través de sus redes sociales.
BREVE RELATO DE UNA CAZA DE CONTROL
Escasos días antes de escribir esta nota, me invitaron al norte santafesino a cazar chanchos que estaban ingresando a un lote de trigo maduro, destruyéndolo justo antes de la cosecha.
Armé el equipo —que en realidad siempre está listo—, llamé a Damián para que armara un videíto para Fogón Amigo y salimos un viernes después del mediodía hacia la zona de Reconquista. Allí nos esperaba nuestro anfitrión, Gustavo, junto al dueño del campo, quien nos firmó las autorizaciones correspondientes: el Anexo I de la Resolución 213 de Caza Control, que sirve como permiso del propietario y guía de tránsito para la provincia.
Como el sol comenzaba a declinar, nos apuramos para ir a ver el trigal y comprobar que, efectivamente, los chanchos estaban entrando con todo. Se veían picadas y huellas por todos lados, y en el interior del lote, verdaderos pozos de barro donde presumiblemente se asientan las piaras para comer y revolcarse.
Definimos rápidamente el lugar donde apostarnos y comenzó la espera. Lamentablemente no fue tan exitosa como pensábamos, ya que el viento —que se había mantenido firme del sur durante toda la jornada— empezó a rotar cada media hora más o menos, haciendo que nuestro olor se dispersara en abanico por el monte y el pajonal lindante.
Aun así, se ve que un grupo de puercos estaba cebadísimo, porque entraron igual (pienso que lo hicieron por un sector donde el viento no llegó a rotar). Con el visor térmico Guide que nos cedió nuestro amigo de Tecno Outdoor para probarlo, Damián los veía perfecto, así que me fue guiando dentro del trigal hasta que pude distinguirlos y cazar el bulto más gordito. Tras el disparo, salieron disparados como una tromba hacia el monte.
De eso se trata la caza de control —o gestión, como dicen los españoles—: de quitar al menos un animal del sistema y, por supuesto, ¡aprovechar la presa como Dios manda! Seguramente si el viento se hubiera mantenido firme, el resultado habría sido mucho mejor, pero al menos pudimos cumplir con el objetivo. El dueño del trigal quedó más que agradecido y nosotros, felices por haber cazado.

