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DORADOS DEL NORTE SANTAFESINO

El río Paraná comienza a darnos buenas señales para la pesca de los dorados, aguas que se van aclarando, y los señuelos que comienzan a ser efectivos. Muy lindos ejemplares pudimos pescar en el norte de la provincia.

Por Ariel Robledo

Estábamos todos atentos, esperando la señal, el llamado, la invitación… La espera se prolongó más de la cuenta, hasta que llegó: “El agua se está aclarando, y aparecieron los lindos dorados…” fueron las palabras mágicas de Valeria Coronel, propietaria de Pirayú Excursiones, desde Reconquista.

Inmediatamente coordinamos una visita al norte santafesino, ya que hacía bastante tiempo no viajábamos a pescar debido a la turbidez que mostraba el Paraná y que se extendió hasta mediados de año. Además tampoco la pesca era estable, un día se pescaba bien y otros días el panorama cambiaba totalmente.

Organizamos nuestra visita, teniendo en cuenta que el pronóstico podía complicarnos un poco, ya que se anunciaban lluvias para la zona los días elegidos para la nota.

Afortunadamente, el día de la pesca, la lluvia se detuvo a las 7 de la mañana, y a las 7:30 ya estábamos arriba de la lancha con el arsenal de señuelos.

Como desde hace ya muchos años que visitamos este pesquero, el servicio de Pirayú Excursiones es excelente… todo preparado para que el pescador sólo piense en disfrutar de su pasión.

Con la lancha lista, impecable, nos esperaba Gonzalo, joven guía, quien tiene todas las energías para acompañar a los pescadores con la mejor predisposición.

Partimos desde la bajada de lanchas con un leve viento del sector sur, y navegamos hacia la zona aguas abajo del puerto.

La idea era pescar dorados especialmente en la modalidad baitcasting. Justamente mientras desayunábamos cruzamos unas palabras con dos pescadores con mosca que habían llegado desde Salta para probar suerte con el flycast, justamente empujados por los datos que hablaban de una notable mejora en las condiciones del río, y en los piques que se pueden conseguir con esa técnica.

Doradazos

Tras unos 30 minutos de navegación llegamos a un sector del río que mostraba lindas correderas, palos en la costa y barrancas en donde los choques de agua invitaban a buscar a los tigres del río.

Me acompañaba en la embarcación Carlos Egestti, quien nunca había pescado en estos ambientes, y obviamente tenía toda la ansiedad contenida.

Observamos un poco la costa para ver algo de movimiento de carnada y vimos muchas aves como garzas y biguás que seguramente tenían el forraje para alimentarse.

Empezamos a elegir los señuelos, y en mi caso tomé un artificial Okuma by FK de color verde con paleta Nº2, Carlos escogió un modelo de Skull con pala 1, y Gonzalo también escogió un artificial de pala 2 de VML.

A medida que fuimos calentando el pulso y ganando en precisión, los lances se fueron cargando de esperanzas.

En un tramo en donde había muchos palos semisumergidos y la corriente se aceleraba, el guía nos indicó que podríamos llegar a tener algún pique. Así fue que Carlos, al empezar a traccionar su señuelo, tuvo un buen ataque, que se desprendió. Seguimos en la zona, y esta vez nuevamente Carlos tuvo otro zarpazo de un dorado, junto con Gonzalo, y el doblete que consiguieron fue espectacular.

Saltos, gritos, cañas dobladas y el delirio que se apoderó de esos momentos que sólo la pesca de dorados nos puede ofrecer. Tomé la cámara para registrar la locura que se desató arriba de la embarcación y la verdad que el tamaño de los ejemplares era muy bueno, de esos que nos dan placer tener en el extremo de la caña. ¡Doblete de lindos lingotes! Foto y devolución.

Ya con estas capturas el frío había pasado a segundo plano, y la concentración era absoluta en cada palo, en cada choque de agua, todos los lugares estaban buenos, todos los puntos nos generaban ilusión.

Llegando a una costa en la cual se formaba un desplayado y después unos palos con correderas, nos anuncia el guía que ahí también podríamos lograr alguna captura.

Un tiro perfecto del señuelo de Carlos logró tentar a otro muy lindo ejemplar que hizo estallar el agua con varios saltos acrobáticos. Indudablemente que su señuelo de paleta pequeña, estaba dando mejores resultados, quizás porque los dorados estaban cazando más cerca de la superficie y no tanto en la profundidad. Con inmensa alegría el pescador posó con su trofeo y luego lo devolvió.

Entre pique y pique, por radio las lanchas se comunicaron, y nos cruzamos en un punto del Paraná. La pesca con mosca también estaba siendo muy efectiva, y los salteños nos mostraron con mucha felicidad las fotos de las capturas logradas. Moscas especialmente negras, le habían dado buenos piques de lindo ejemplares.

Algo que conversamos con nuestro guía era que desde hace ya varias semanas la pesca fue en alza, y lo que llama la atención es que el tamaño de los dorados es muy bueno, y casi no se logran capturas de doradillos, que fueron los que en otras oportunidades le ganaban la batalla a los más grandes.

La mañana se nos pasó rápidamente, y llegado el mediodía, paramos en una zona de islas para saborear un asado con papas fritas de esos que tienen un sabor único cuando se disfruta en medio de esos paisajes litoraleños. La charla distendida, el análisis de los momentos vividos, y la planificación para lo que resta de la tarde.

Cierre de lujo

Tras una breve sobremesa, y con las ganas de quedarnos por más tiempo en este maravilloso entorno, regresamos para pescar un par de horas más.

El pique por la tarde había cambiado, se había espaciado más, y parecía que no íbamos a poder cerrar la nota, hasta que entre unos palos, pudimos prender otro tremendo ejemplar, de esos que será muy difícil olvidar. Carlos quien no conocía este pesquero, se llevaba la mejor de las impresiones, con los brazos agotados y el corazón repleto de lindos piques.

Tarde perfecta, dorado perfecto, para ponerle punto final a un relevamiento que esperamos durante bastante tiempo.

Los dorados se van activando, el agua tiene el tono ideal, y Pirayú Excursiones le ofrece un servicio integral para que el pescador disfrute de momentos inolvidables.