Por Gabriel Luis Paccioretti
En la pesca con mosca de peces como el dorado existe una tendencia a hacer moscas muy voluminosas, pero eso tiene sus contras…
El dorado es un pez netamente cazador y, muchas veces, en aguas turbias, para lo cual es necesario ofrecer artificiales grandes que produzcan muchas vibraciones que imiten la natación de un pequeño pez. Además, es un predador muy voraz, por lo que gusta de presas voluminosas. Y esto representa complicaciones para el lanzamiento de la mosca, aunque muchos no lo consideren.
En el spinning y el baitcasting es sencillo porque las cucharas y los señuelos, cuanto más grandes y pesados, son más sencillos de lanzar y más fácil para lograr distancia, sencillamente porque en el lanzamiento se realiza una palanca para arrojar el peso que arrastra la línea. Pero en el fly casting (lanzamiento con mosca) no es lo mismo.
Hay que recordar que en el fly casting la cosa es diametralmente distinta: no se arroja el artificial (la mosca) que va en la punta de la línea, sino la línea misma. En esta modalidad, la caña carga la línea de inercia (que tiene el peso indicado para la vara) para que, al lanzarla, lleve la mosca donde queremos. Para esto, cuando más pesada y voluminosa sea la mosca, más incómodo y difícil será lanzar.
¿Por qué esto es así? Porque, si la mosca no es aerodinámica (cuando es voluminosa a costa de la silueta adecuada para “cortar” el aire) frenará la línea. Y si, además, es pesada, complejiza su evolución de la línea en el aire. Seguramente esto parecerá complejo para quién no practica la modalidad, pero es absolutamente claro para el mosquero.


El tamaño y peso de las moscas pudo crecer gracias a las mejoras técnicas, tanto de las cañas como de las líneas. Hay que recordar que la técnica nació para lanzar pequeñas imitaciones de insectos (como la mayoría de las moscas para truchas), es decir, que no pesaban casi nada. Por eso el lanzamiento es, básicamente, el lanzamiento de la línea (y no de la mosca), perdón por las redundancias…
Esto se ve claramente cuando alguien aprende a castear, para lo que no se usa una mosca sino un pedacito de lana o hilo. Esto es por dos razones: primero porque es más fácil de lanzar (porque ningún peso obstaculiza el lanzamiento y el aprendiz se concentra en la dinámica del movimiento de la caña y la línea), pero también, en segundo lugar, por seguridad (pegarse un moscazo es doloroso, haya o no pinchazo con la punta del anzuelo).
UN POCO DE FÍSICA
Como se dijo más arriba, este tipo de lanzamientos se inventó para arrojar moscas pequeñas y livianas que imitaban (y continúan imitando) insectos para la pesca de truchas. Las que imitan pececitos se inventaron hace relativamente poco tiempo.
Hace apenas más o menos de 150 años que aparecieron los streamers (eran de pluma, muy livianos y aerodinámicos, (ver foto 1) para imitar pequeños peces que comen las truchas. Y hace menos de un siglo que se comenzaron a construir con pelos de ciervo (bucktails, ver foto 2), y muchísimo menos todavía las que se hacen con materiales sintéticos (ver foto 3).



La evolución desde las moscas livianas a las más pesadas, y desde las siluetas delgadas a las voluminosas, desde las chicas a las más grandes, se dio con el progreso en las cañas y las líneas. ¿Por qué esto fue así? Porque la velocidad de la respuesta de la caña es fundamental, de la misma manera que el diseño de la línea.
Se dice que una caña es “lenta” o “rápida” por lo que tarda en recuperar su posición inicial luego de ser flexionada. Si se piensa en un arco, pronto comprenderá el concepto: un material más rígido (y por tanto más rápido) impulsará con más energía la flecha. Lo mismo sucede con las cañas. La evolución desde el bamboo hasta el grafito actual pasó por muchos materiales intermedios (fibra de vidrio, acero, grafitos lentos) ganando rapidez hasta las fibras de carbono actuales.
Las cañas más “rápidas” (la gente dice “dura” pero es un concepto equivocado) generan más impulso a la línea que las “lentas” (a las que llaman equivocadamente “blandas”). Las cañas no son duras ni blandas, a menos que quiera masticarlas en un momento de bronca.
Con las líneas sucedió algo similar: al principio eran todas level (todo su largo con el mismo grosor, como una manguera), luego aparecieron las WF (weight forward, con peso adelante) que facilitaron el lanzamiento, pero eran todas iguales, hasta el día de hoy que hay diseños específicos para cada tipo de pesca (y, por lo tanto, para la mosca que se utilizará).
Aunque parezca complejo para el mosquero novato, las líneas tienen configuraciones específicas pensadas para facilitar el lanzamiento (tipo de mosca a lanzar, distancia a lograr, condiciones de pesca, etc.), aunque también para el clima, la resistencia, etc.
UN POCO DE HISTORIA
Los primeros datos de la pesca de dorados en la modalidad de fly fishing datan de las décadas de 1940-50, aunque es probable que haya habido pruebas anteriores, a manos de norteamericanos que experimentaban referenciándose en la pesca de grandes truchas y los primeros pasos que se daban por esa época en la pesca con mosca en el mar.
Eran tiempos en los que las cañas eran lentas (o muy lentas, deberíamos decir para los parámetros de hoy) de bamboo, por lo que usaban moscas livianas, con poco material, como streamers y bucktails trucheros a los que sólo se les aumentaba el tamaño. Y esto era obvio por dos razones: porque era lo que conocían pero, sobre todo, porque era lo que se podía lanzar con esas cañas y líneas de la época.


Cuando el fly fishing se acriolló, allá por fines de la década de 1960 y ya entrados los 1970, tanto para taruchas como con los dorados, se comenzaron a utilizar moscas de pelo de ciervo y mixtas (pelo y plumas de gallo, foto 4) porque la evolución de las cañas y las líneas weight forward (WF) así lo permitían, lo que sucedió también con la pesca con mosca en el mar Caribe. Claro: ya era más popular la fibra de vidrio (aunque la mayoría de las cañas de ese material eran malas) y comenzaban a aparecer las primeras de grafito que eran más eficientes, pero también más caras.
Un poco más tarde, en los 1980, con la popularización de la fibra de carbono y, gracias a la combinación de shooting tapers (ST) con amnesia, se hizo más fácil lograr distancia con moscas más voluminosas. Fue cuando nacieron las primeras moscas locales con bastante más materiales (como la Andino, foto 5), todavía todas (o casi todos) naturales (pelos y plumas).


A fines de los 1990 y principios de los 2000, hicieron su aparición los materiales sintéticos que imitaban pelos, primero combinándolos con los naturales, pero no se tardó mucho para llegar a las moscas actuales donde dominan los sintéticos. Esto se dio porque las cañas son muchos más rápidas y porque los materiales sintéticos son más económicos, además no están sujetos a las normativas que protegen la fauna y evitan el tráfico ilegal de productos de origen animal.
Materiales sintéticos más baratos con equipos que facilitan el lanzamiento generaron una locura desmedida en el tamaño de las moscas y la cantidad de material que se le pone. Como si estuviesen encarnado con un plumero. Algo innecesario y que dificulta el lanzamiento.
¿Y CUÁL ES EL PROBLEMA?
Para la mayoría no es un problema… y creo que es sencillamente porque no se lo plantean. El resultado: moscas enormes y súper voluminosas recargadas de material con el obvio objetivo de despertar la atención del dorado. Pero es al cuete… sobre todo si no se pueden lanzar lo suficientemente lejos para llegar donde están los tigres del río.
Moscas recargadas de material significan más gasto de dinero en la construcción lo que, además, las convierte en esponjas que se cargan de agua (y, por tanto, pesadas y difíciles de lanzar). Y, cuando logran secarlas con el lanzamiento, después de mil casts, tardan mucho en hundirse y flotan como poppers, para lo que algunos le colocan lastre, lo que las hace más pesadas… y la rueda sigue.


Hay que tener en cuenta que una cosa es el tamaño y otra muy distinta la silueta. Las moscas deberían ser lo más grandes que se puedan hacer, pero con el menor material posible, para que se hundan rápido y expulsen el agua en el primer cast.
No se trata de superponer material, sino de colocarlo adecuadamente con la densidad y el volumen adecuado. Lo ideal no es una mosca gorda, sino una que parezca grande en el agua. Se trata de lograr una silueta abultada pero sin acumulación innecesaria de material que no haga incómodo el lanzamiento.
Es más, dejando de lado el problema del lanzamiento y pensando en la efectividad de una mosca, no hay que olvidar que no se ven igual debajo del agua que en la morsa de atado. Es decir que, por más esperanzador que parezca nuestro artificial, no necesariamente puede ser óptimo su rendimiento. Por ejemplo, pensemos en la rigidez de los materiales en relación a la corriente: algunos se colapsan en corrientes fuertes por ser demasiado suaves y flexibles, otros son excesivamente rígidos y no tienen el movimiento necesario en aguas calmas.
Si usted está cerca de los dorados, puede tirar con un plumero… pero si debe lanzar lejos, va a tener que diseñar mejor sus moscas. Aunque parezca increíble, es común ver en una misma lancha a dos pescadores realizando distintos esfuerzos porque uno lanza moscas y el otro algo que se parece a un ñandú embalsamado… y, créame, los piques no se dan sólo por la eficacia de un modelo de mosca usado sino y, sobre todo, dónde se la ubica (o sea, a la distancia necesaria y en el lugar adecuado), es decir, una cuestión de lanzamiento.
Obviamente, no todo se reduce al volumen de la mosca, también es cuestión de la técnica de lanzamiento u otros aspectos, pero créame, el tamaño y peso de la mosca no es tema menor.
Cerremos esta cuestión poniendo como ejemplo la mosca Andino (foto 5) que comúnmente se la ve atada con excesivo material y, por tanto, mal atada. Este modelo creado por Carlos Ingrassia tiene una cabeza y un collar de muy especial diseño, sumamente creativo y eficaz, pero poco aerodinámico, por lo que su autor insistía mucho en colocar sólo el material necesario, y no más. Nótese que tiene mechones de pelo de ciervo rojo (en el “lomo”) y amarillo (en la “panza”) pero bastante pobres en cantidad, que le dan una gran silueta vista de costado pero sin generar volumen innecesario.
En general, se trata de lograr siluetas abultadas para la vista lateral porque en la mayoría de los casos los peces ven de costado, pero angostas de frente para facilitar el lanzamiento (foto 6, piense en la aerodinamia).
OTRAS COSITAS…
Dos cuestiones importantes a calibrar son el leader y la función de la línea.
Es un absurdo usar leaders extremadamente largos con moscas pesadas, sobre todo cuando los dorados están voraces, es decir, que no se asustan por la presencia de la línea. Un leader largo con una mosca pesada o voluminosa es más difícil de castear porque genera tailings loops (cuando la mosca se “cae” y vuela por debajo de la línea formando una O –imagen 7- en lugar de una U acostada –imagen 8-). Si no lo amerita la situación, use leaders cortos que le facilitarán el trabajo de lanzar.



Lo mismo respecto del tippet: si es desproporcionadamente fino respecto del peso de la mosca, será un verdadero incordio y abundarán los tailing loops (imagen 7). Recuerde siempre que debe haber proporcionalidad entre el tamaño y peso de la mosca con el grosor del tippet, caso contrario no “dará vuelta” la mosca (imagen 8).
Algo sobre las líneas: ¿tiene sentido lastrar una mosca para llegar a mayor profundidad cuando hay líneas de hundimiento (sinking) o con puntas de hundimiento (wet tip o sink tip)? Claramente no, entonces ¿para qué renegar con una línea de flote?
Para seguir sobre el párrafo anterior, otra cosa: ojo con los ojos… colocar ojos de metal para lastrar una mosca puede ser muy útil, pero también una gran molestia para el lanzamiento. Ate sus moscas con menos material y elija el más adecuado, reducirá la tendencia a flotar y necesitará menos lastres, lo que redundará en más comodidad y facilidad para lanzar.
Lo último: las líneas modernas tienen decenas de configuraciones, busque la más adecuada a la mosca que va a lanzar. Evite problemas y vaya a gozar al río.

