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“EL INGÁ” DEL SUR CORRENTINO.

Por Hugo Giardino – Fotografía: Jorge Alberto Escobar

Nuestro majestuoso río Paraná ha presentado en los últimos días una crecida más que significativa. Este fenómeno provocó que el vasto delta frente a la ciudad de Esquina se desbordara por completo, inundando los bajos y llenándose de un agua que, paradójicamente, comenzó a aclararse, formando correderas intensas y oxigenadas allí donde el dorado —amante absoluto de estas circunstancias— suele apostarse a la espera de sus presas. Ante semejante panorama, no lo dudamos: nos comunicamos de inmediato con Gustavo Werner, propietario de Ingá Lodge, para coordinar una visita y poner a prueba nuestras cañas en una nueva travesía de pesca deportiva.

Llegué al lodge en compañía de Jorge, mi inseparable compañero en este relevamiento. Como siempre, el lugar nos recibió impecable: habitaciones amplias, cálidas y de un confort inigualable, rodeadas por un parque inmenso que enmarca la piscina en perfectas condiciones. Y, por supuesto, la recepción no estaría completa sin el deleite culinario de nuestro amigo y súper chef, Gustavo, cuya gastronomía siempre sorprende.

La cita con el río comenzó temprano, al alba. Nos embarcamos junto a Sergio, uno de los guías baquianos del lodge, a bordo de una lancha sumamente cómoda, equipada con motor eléctrico de posicionamiento y una plataforma ideal para realizar lances precisos con señuelos. Por precaución, y fieles a la premisa de que en la pesca el río manda, también subimos a bordo una buena provisión de carnada viva: morenas y cascarudos.

Una vez en el agua, armamos los equipos dividiendo las estrategias. Por un lado, preparamos las cañas destinadas a la carnada natural: varas de 6.6 pies y 25 libras de potencia, acopladas a reeles cargados con multifilamento del 0.26. A estos les sumamos chicotes corredizos y esos infaltables “verileros” que muy gentilmente nos proveyó nuestro amigo Carlos Pecorari, de productos Peco. Por otro lado, para la modalidad de baitcasting, apostamos a cañas más ligeras de 5.8 pies y un rango de 10-20 libras, acompañadas por una gran variedad de artificiales. Sin embargo, los señuelos esta vez no dieron resultado.

El clima se puso áspero, con un intenso frío, viento constante y una llovizna pertinaz que parecía congelar las esperanzas de los tiros largos.

Ante la negativa del agua a los artificiales, debimos pivotar hacia el plan B: los cebos naturales. Encarnamos las morenas y la respuesta no tardó en llegar. Empezamos a dar con dorados combativos, algunos de muy buen porte que rompían la monotonía del frío con arremetidas furiosas. No tuvimos la misma suerte con los surubíes; a pesar de sondear minuciosamente pozones y sitios de profundidades importantes, el único habitante de las profundidades que quiso animarse a morder el anzuelo fue un pequeño tape que devolvimos con cuidado al agua.

Los mejores momentos —y los piques más violentos— se concentraron en los desaguaderos y en las correderas que nacen serpenteando los arroyos para morir en las lagunas interiores. Allí, los dorados embestían con una violencia voraz, regalándonos peleas memorables donde la fricción del reel era música para nuestros oídos. Lo que más nos llamó la atención fue el colorido de estos ejemplares: ostentaban una tonalidad brillante, casi eléctrica, con el lomo de un verde oscuro profundo, una clara señal de que se trataba de peces que llevaban tiempo aclimatados en aguas limpias y oxigenadas.

Al caer la tarde, el viento sur arreciaba con tanta fuerza que el frío se hacía sentir en los huesos, obligándonos a poner proa de regreso al lodge. Al atracar, el refugio nos devolvió la vida: allí nos esperaba Gustavo con platos exquisitos humeantes que reconfortaron el cuerpo. Mientras compartíamos la sobremesa, la charla derivó en los próximos proyectos. Nos adelantó que para los fines de semana largos de agosto y octubre se vienen promociones especiales muy tentadoras para los pescadores. Asimismo, nos comentó con entusiasmo su idea de armar campamentos exclusivos en la isla, una propuesta ideal para aquellos fanáticos que buscan maximizar las horas de pesca en contacto puro con la naturaleza salvaje.

Pasamos jornadas sumamente agradables en un rincón único del mundo. Si usted está pensando en una escapada donde el descanso de calidad y la pasión por la pesca se den la mano, Ingá Lodge es, sin dudas, el destino indicado.

Con la firme promesa de volver muy pronto, nos despedimos llevándonos en la retina la imagen de un atardecer encendido sobre el estero, de esos que solo la paleta caprichosa de un pintor con mucha imaginación se atrevería a retratar.

Info:

Ingá Lodge, está ubicado a orillas del río Corriente en la localidad de Esquina. Habitaciones amplias y con vista al parque. Salón comedor con la mejor gastronomía. Lanchas equipadas con motores 90 HP, y motores eléctricos, todos los estilos de pesca, servicio integral con desayuno, almuerzo y cena.

Ruta 12, Km 674, al sur de Esquina, Corrientes.

Consultas y reservas por WhatsApp: +5493777652222

Facebook e Instagram: @inga_lodge

ingalodgehotel@gmail.com