Queridos lectores nos volvemos a encontrar nuevamente en una aventura más tras los Axis.
Por Gastón Baldacci – Fotografías de Damián Gallo
Si recuerdan hace unos meses estuvimos cazando jabalíes y ciervos en La Paz, junto a mi grupo de amigos. Esta vez volvimos a arribar en la misma localidad con ganas de descubrir los secretos que este campo escondía. Llegamos el viernes a eso de las 11 de la mañana, previo habernos detenido en el Túnel Subfluvial para obtener nuestras licencias.
Ni bien arribamos a destino la ansiedad me consumía y decidí dar una vuelta en el monte cercano a la casa, mientras Damián y mi viejo se quedaron prendiendo el fuego y cocinando un espectacular cordero.


Mientras me aprontaba para salir, llegó Mati, junto a su padre Gonzalo. Aprovechamos a dejar los “viejos” hablando al cuete y salimos con Mati a recechar. Fusil en mano, cuchillo, llamador, handy y partimos. Realmente no tenía muchas esperanzas de ver algo, pues, la hora no era favorable y el monte estaba bastante limpio, sin embargo, no tardamos en encontrar rastros frescos y luego de unos 200 metros monte adentro prácticamente pateamos una cierva echada. Esta vez fue más rápida y no me dio tiro… (Lo que pensé iba a bajar mi ansiedad, no hizo más que aumentarla un 115% más jajaja).
Regresamos al campamento para almorzar y degustar un malbec de Apostados Wine espectacular, y cerca de las 16 hs decidimos dar comienzo a la cacería. Nos dividimos en dos grupos: por un lado, Néstor con Dami y, por el otro, Mati, conmigo. Mi viejo y Damián se quedaron en un monte que rodea un arroyo y es un lugar de bastante actividad. Con Mati nos fuimos muchos más monte adentro a unos 8 km de donde los habíamos dejado a ellos y la idea era hacer un rececho a un bañado grande rodeado por monte bastante espeso.


Fuimos con la idea de poner a prueba los llamadores de C&E silbatos, por lo que esa fue la técnica que aplicamos: caminábamos un par de kilómetros y frenábamos para hacer un par de llamados. Tanto Damián con mi viejo, como nosotros, tuvimos éxito con los llamados, si bien hay que destacar la eficacia del llamador que uno no puede creerlo hay que vivirlo… vale aclarar que no todo es tan fácil, funcionan, eso no hay dudas, ahora cuando funcionan hay que estar realmente muy atentos porque aparecen de cualquier dirección y normalmente los vez cuando están muy muy cerca si se trata de un monte cerrado.
Este detalle que marco lo aclaro porque, tanto mi viejo, como yo, no tuvimos posibilidad de tiro… pues, el monte donde estábamos era muy cerrado y cuando logramos ver al ciervo lo teníamos a una distancia tan corta de apenas 8 a 10 metros… casi los tocábamos con la mano.


Tan cerca me apareció ese joven ciervo que no alcancé a sacar el seguro del fusil, que ya había desaparecido monte adentro. Apenas alcanzamos a cruzar miradas. Esa tarde no logramos realizar ningún disparo y volvimos al campamento con las manos vacías pero contentos porque al menos habíamos tenido varios encuentros con axis.
Un nuevo día
Una nueva mañana nos esperaba. Nos levantamos bien temprano, cuando apenas amagaba a salir el sol, esta vez salimos juntos Damián, mi viejo y yo. La mañana aparentaba muy tranquila, no encontrábamos señales de movimientos y al llamador parecían ignorarlo, por lo que decidimos separarnos y yo encaré al monte más sucio, porque en algún lado tenían que estar y no me iba a rendir.
Luego de unos 60 metros caminando en 4 patas por fin los encontré: ¡estaban en lo sucio nomás! Vi un grupo de unas 4 hembras que parecían fantasmas moviéndose en ese monte tan cerrado sin hacer ni un solo ruido. Logré arrodillarme y encarar el fusil, pero no encontraba un tiro limpio, me arriesgué a que se asustaran pero tomé el silbato y realicé un llamado no tan fuerte. Una de las ciervas empezó a caminar hacia el costado y me posicioné en un pequeño espacio limpio con la esperanza que cruzara por ahí.


Cuando pensé que la había asustado y no iba a volver… APARECIÓ. Cruzó perfecto por el espacio limpio y no dudé en disparar. Indudablemente había pegado, fue un disparo muy cercano alrededor de los 15-20metros. Esta vez me acompañó mi Remington 783 en cal. 30-06, con las recargas que desarrollé y realmente me están dando mejores resultados de los esperados; disparé con una munición de 150gr punta de teflón, la bala entró unos centímetros por detrás de la paleta y fue por el espinazo hasta la cadera, sin romper vísceras, solamente pulmón y corazón. Se comportó excelente y cazar con algo que haces con tus propias manos y con la ilusión de que funcione todo a la perfección no tiene precio.
Nos hicimos de una excelente carne, ahora el desafío era sacarla. Llamé al equipo por handy y vinieron a darme una mano. Logramos sacarla hasta un camino de vacas donde pudimos limpiarla y prepararla para el transporte. Agradezco que haya sido una hembra y no un gran macho porque sino me largaba a llorar jaja.


Hicimos unos cuantos kilómetros con la cierva al hombro y llegamos al campamento donde la despostamos y preparamos unos choris de ciervo, producción de Damián. Luego de una buena siesta regresamos al monte pero esta vez sin suerte, no vimos ni escuchamos nada, ya se nos terminaba el día y estábamos bastante cansados, pues, la aventura de estos dos días nos había costados unos 35 kilómetros caminando, volvimos a descansar y aprontar las cosas para el regreso. Espero les haya entretenido esta aventura, recuerden que pueden vivirla a través de nuestros videos en Youtube (fogón amigo) ¡hasta la próxima!


